PROGRAMA V

Primera Temporada 2020

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester
Director Artístico

Viernes 20 de marzo 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA V

Alexandr Borodin
«En las estepas del Asia central»

Duración aproximada: 9 minutos

Wolfgang A. Mozart
Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta, en Mi bemol mayor, K. 364/320d
-Allegro maestoso
-Andante
-Presto

Duración aproximada: 30 minutos

Solistas: Raúl Teo Arias, Violín
Máté Szücs, Viola

INTERMEDIO

Piotr I. Tchaikovsky
Sinfonía No. 4, en Fa menor, Op. 36
-Andante sostenuto - Moderato con anima
-Andantino in modo di canzona
-Scherzo: pizzicato ostinato
-Finale: allegro con fuoco

Duración aproximada: 40 minutos

Jorge Mester

Jorge Mester
Director artístico de la Orquesta Filarmónica de Boca del Río

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
   En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
   Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
   Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
   En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Alexandr Borodin, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
   Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha impuesto su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

Raúl Teo Arias

Raúl Teo Arias
Violín

Raúl Teo Arias, nacido en la Ciudad de México, recibió sus primeras lecciones de violín de su padre, el compositor y director de orquesta Emmanuel Arias y Luna. Estudió en la Hochschule für Musik en Múnich con el profesor Gerhart Hetzel (Primer Concertino de la Filarmónica de Viena) y con el maestro Kurt Guntner. En 1991 se graduó con distinción de la clase magistral. Apareció como solista con la Orquesta Sinfónica de Múnich y Bamberg, así como con todas las orquestas sinfónicas de México y también ofreció numerosos conciertos como recitalista en Japón, Sudáfrica, Hungría, Francia, Portugal, Bélgica, España e Italia. En 1990 se convirtió en finalista en el concurso ARD en Múnich.
   Desde 1993 es Principal de Segundos violines de la Orquesta Sinfónica de Bamberg y desde 2002 es director del Cuarteto de Cuerdas de Bamberg.

Máté Szücs

Máté Szücs
Viola

Principal de violas de la Orquesta Filarmónica de Berlín (Berliner Philarmoniker) desde 2011. Maestro de origen húngaro, nació en el seno de una familia musical y comenzó su educación a la edad de cinco años, tocando el violín. Estudió con Ferenc Szecsödi en Szeged, luego cambió a la viola y trabajó con Erwin Schiffer. Szücs asistió al Conservatorio Real en Bruselas, a la Chapelle Musicale Reine Elisabeth en Waterloo y al Conservatorio Real en Amberes, donde estudió con Leo de Neve. En 1998 fue finalista en el Concurso “Jean Françaix” en París y laureado en el Concurso Internacional Tenuto, en Bruselas. Szücs se convirtió en músico de orquesta y actuó como violista solista con la Orquesta Sinfónica de Bamberg, la Staatskapelle de Dresde, la Orquesta Sinfónica de Radio de Frankfurt, la Deutsche Kammerphilharmonie de Bremen y la Royal Flemish Orchestra. Szücs se presenta principalmente en Europa como solista y músico de cámara, y ha grabado para TYX Art, Profil y Phaedra.

Notas al programa

Alexandr Borodin (1833-1887)M.П.Мусоргский

Alexandr Borodin (1833-1887)
«En las estepas del Asia central»

OLos enredos en torno de su origen no impidieron a Borodin lograr una existencia provechosa, libre de conflictos personales o familiares, satisfactoria monetariamente y, por si fuera poco, colmada de aciertos profesionales. Este notable personaje no se apellidaba así, ya que se le registró como hijo de un sirviente del príncipe Luka Stepanovich Gedianishvili. Éste fue en realidad su padre, un noble que se preocupó por dotar a la madre (esposa de un médico militar) de todo lo necesario para que el joven tuviese una esmerada educación.
   Nacido en San Petersburgo, desde los ocho años comenzó a tomar clases de idiomas y música, a los catorce años ya había compuesto varias obras de música de cámara y se percató de su pasión por la química. En 1850 ingresó a la Academia Médico Quirúrgica de San Petersburgo (de la que sería presidente desde 1862 hasta su muerte), sin abandonar el arte musical aunque sin dedicarle el tiempo suficiente. Unido al “Grupo de los cinco”, gracias a su estrecha relación con Mili Balakirev, en 1880 conoció a Franz Liszt y consiguió ser aceptado en los exigentes círculos musicales del centro de Europa. Después de recibir varios reconocimientos por su labor científica, Borodin murió en medio de un festejo en la Academia, en pleno baile, víctima de un ataque cardiaco, el 27 de febrero de 1887.
   “En las estepas del Asia central” es un poema sinfónico que fue estrenado en San Petersburgo con la orquesta dirigida por Rimsky-Korsakov, en abril de 1880. Esta música, cuya partitura contiene dedicatoria a Franz Liszt, es del todo programática y describe la travesía de unos mercaderes en caravana escoltados por soldados rusos. Borodin tenía poderosas razones para mostrar musicalmente esta escena, ya que fue su respuesta a la convocatoria procedente del zar Alejandro II quien, al festejar sus veinticinco años como gobernante, festinaba también la expansión del imperio ruso hacia los territorios del Este asiático. El propio compositor redactó lo siguiente en torno de su obra:
   “Es pleno día. En la estepa arenosa del Asia central resuena un dulce canto ruso. Sobre el fondo se divisa una caravana de caballos y camellos, nos llega el eco de una melodía oriental. La caravana se aproxima y se encamina hacia el inmenso desierto, escoltada por una patrulla de soldados rusos. La caravana avanza siempre hacia el sol. El canto de los conquistadores y la melodía de los conquistados se funden en una única armonía, y finalmente todo desaparece en el silencio de la estepa”

Wolfgang A. Mozart(1756-1791)wikipedia.com

Wolfgang A. Mozart (1756-1791)
Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta

Una de las formas derivadas del antiguo “concerto grosso” propio del período barroco fue la “sinfonía concertante”, género en que dos o más instrumentos se desenvuelven como solistas y que registró una vigencia relativamente corta debido quizá a su naturaleza híbrida, a medio trecho entre la sinfonía y el concierto.
   Mozart depositó su atención en la Sinfonía concertante inmediatamente después de regresar a su natal Salzburgo procedente de París, en un intento por establecerse lejos de la corte del odiado arzobispo Colloredo. Acompañado de su madre, Mozart llegó a París en marzo de 1778, sin imaginar que la ciudad que le aclamó quince años antes como un asombroso niño prodigio le mostraría ahora uno de sus gestos más crueles. Así entonces, la Sinfonía concertante en Mi bemol mayor fue creada entre 1779 y 1880, casi al mismo tiempo que sus sinfonías 34 y 35 (“Haffner”). Se trata de una obra en que el autor logró una interesante combinación del elegante estilo rococó con un lirismo que le emparenta con sus óperas y sus piezas orquestales más inspiradas.
   A la singular belleza de esta partitura, propia de sus obras de madurez, se suma el hecho de que es la única en que combinó el violín con la viola. Desde su partida de Salzburgo, Mozart mostró una especial animadversión al violín y cuando ejecutaba música de cámara, siempre optaba por la viola, de modo que esto nos hace suponer que en la primera audición de la Sinfonía concertante, el compositor participó ejecutando la viola.
   En una de sus ejemplares redacciones, el compositor y musicólogo poblano Joaquín Gutiérrez Heras (1927-2012) nos aporta un dato interesante: en la versión original, la viola está en “scordatura”; es decir, con una afinación distinta de la acostumbrada. Y nos dice textualmente: “Mozart escribió su parte en Re mayor, lo que significa que debía ser afinada un semitono más arriba para tocar en Mi bemol mayor, la tonalidad de la pieza. Es probable que buscara con esto darle a la viola un timbre más brillante, o quizá una simplificación de la digitación”. Pero resulta que los violistas de la actualidad ya no emplean este recurso. El timbre oscuro y “pastoso” del instrumento se establece como su principal atractivo, y todos prefieren explotar esa riqueza sonora que establece un importante contraste con el timbre agudo propio del violín.
   Como dato adicional, es de mencionarse que varios maestros de la época romanticista trabajaron un renglón emparentado con la Sinfonía concertante. Ejemplos de lo anterior pueden encontrarse en Beethoven con su Triple concierto Op. 56, o el Doble concierto Op. 102 de Brahms.

Jorge Vázquez Pacheco

Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893)wikipedia.com

Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893)
Sinfonía No. 4

Trabajar la forma sinfonía ofreció a Tchaikovsky todo un universo de posibilidades para la manifestación de sus cambiantes estados de ánimo, sus afectos, sufrimientos y alegrías. De acuerdo a una carta enviada a la viuda Nadezhda von Meck (1831-1894), su mecenas durante la última etapa creativa, la sinfonía significaba para este compositor ruso el vehículo perfecto para expresar todo aquello que las palabras no pueden decir y “que se refugia en el corazón, clamando por salir de nosotros mismos...”
   Pero al mismo tiempo, el músico lamentaba una supuesta incapacidad para generar una obra de perfecta estructura formal. Estaba convencido, de acuerdo a su inflexible autocrítica, que terminaría su vida sin alcanzar ese clímax de intachable formalidad. Sin embargo, pocos son los ciclos sinfónicos que muestran con tal detalle los matices de júbilo y melancolía que se conjuntan en la producción de este pasional maestro. Tchaikovsky escribió, en rigor, siete sinfonías: las seis que le conocemos y una más no numerada, la sinfonía “Manfredo” Op. 58, escrita en 1885 precisamente entre las sinfonías 4 y 5.
   La Sinfonía 4 de Tchaikovsky fue escrita entre 1877 y 1878, con dedicatoria a la señora Von Meck. En las misivas que intercambiaron, ambos se referían a la Cuarta como “nuestra sinfonía” y fue a instancias de la dama que el autor hizo algo que poco acostumbraba: redactar un “programa”, una descripción detallada de lo que tuvo en mente al concebirla. Aunque esta descripción es extensa, los historiadores coinciden en que no debe tomarse muy en serio. Todo indica que no refleja el espíritu intrínseco de la obra y que Tchaikovsky la redactó solo por complacer a quien le proporcionaba la jugosa pensión que le permitía dedicarse a componer sin preocupaciones.
   No son pocos quienes indican que esta obra comparte con la Sinfonía 5 de Beethoven un mismo tema, el Destino, si hacemos caso de la leyenda que indica que Beethoven trataba de describir en su Quinta “los golpes con que el Destino llama a la puerta”. La conformación de la Sinfonía 4 nos indica que Tchaikovsky sí tenía en mente la idea del Destino, y en esto las comparaciones resultan interesantes. Mientras Beethoven toma como base cuatro golpes orquestales para desarrollar una obra de proporciones épicas, en Tchaikovsky el tema del Destino irrumpe indomable y arrasador. El contraste es evidente, ya que mientras en la Quinta el movimiento final es triunfal y apoteósico, en la Cuarta del maestro ruso se hace presente un espíritu profundamente fatalista.
   La Cuarta sinfonía de Tchaikovsky fue estrenada en 1878, en Moscú, con la orquesta dirigida por Nikolai Rubinstein.

Jorge Vázquez Pacheco