PROGRAMA VII

Segunda Temporada 2018

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ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 7 de diciembre, 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA

Igor Stravinsky
Suite No. 2 para pequeña orquesta
-Marcha
-Vals
-Polka
-Galop

Duración aproximada: 8 minutos

Sergei Rachmaninov
Concierto No. 2 en Do menor, para piano y Orquesta, Op. 18
Moderato
-Adagio sostenuto
-Allegro scherzando

Duración aproximada: 34 minutos

Robert Thies, Piano

INTERMEDIO

Sinfonía No. 3 en La menor, Op. 56, «Escocesa»
Sinfonía No. 2 en do menor, Op. 17; «Pequeña Rusia»
-Andante con moto – Allegro un poco agitato
-Scherzo – Vivace non troppo
-Adagio
-Allegro vivacissimo – Allegro maestoso assai

Duración aproximada: 37 minutos

Directora Artístico

Jorge Mester

Jorge Mester, Director Artístico

Jorge Mester Director Artístico

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
   En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012). Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
   Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
   Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
   En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
   Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
   Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha impuesto su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

 

Robert Thies

Robert Thies Piano

Elogiado por su consumada musicalidad y temperamento poético, Robert Thies saltó a la celebridad internacional en 1995 cuando resultó ganador absoluto en el Concurso Internacional Prokofiev de San Petersburgo, Rusia, convirtiéndose en el único pianista estadounidense que triunfa en un importante concurso ruso desde la victoria de Van Cliburn en Moscú, en 1958. Reconocido por sus «interpretaciones reflexivas e intensamente conmovedoras», Thies efectúa intensa carrera como solista con orquesta, recitalista y músico de cámara, y en una sola temporada presentó trece conciertos distintos con gran reconocimiento de la crítica. Ha tocado con las orquestas filarmónicas de San Petersburgo, Ciudad de México, Buffalo, Auckland (Nueva Zelanda) y Naples, así como las sinfónicas de Liepāja (Letonia), Nacional de México, Fort Worth, Virginia, Pasadena y Des Moines. Sus conciertos se han transmitido en Estados Unidos, Rusia, Estonia, Letonia, Bolivia, Hungría, México y Nueva Zelanda. Artista exclusivo Steinway, en mayo de 1999 recibió invitación para actuar en el Teatro Hermitage de San Petersburgo, Rusia, y su debut en Sudamérica se dio en 2002, en Cochabamba, Bolivia. En marzo de 2012 fue pianista oficial en el Festival Internacional de Violonchelo Piatigorsky, de la Universidad del Sur de California, donde tocó más de 25 obras en una semana y un recital con el chelista Thomas Demenga. Es fundador e integrante de Thies Piano Quartet, Pantoum Trio y The Thies Consort. En 2002, con el estreno en Hollywood de la película «El pianista» de Roman Polanski, interpretó el Concertino de Władysław Szpilman con la Sinfónica Los Angeles Jewish. Para conmemorar el 50 aniversario luctuoso de Schoenberg, fue invitado en 2001 al Palacio de Bellas Artes para interpretar el Concierto para piano de este compositor con la Sinfónica Nacional de México. Durante el otoño de 1997, trabajó junto al compositor polaco Henryk Górecki para el estreno en Estados Unidos de su Sonata para piano. En Los Ángeles ha trabajado con los compositores de cinematografía James Newton Howard, James Horner, Danny Elfman, Mychael Danna, John Williams y Lalo Schifrin, entre otros. En 2010, Lucas Richman le invitó a unirse a una orquesta para la gira por Norteamérica «Star Wars en concierto» de John Williams. Las grabaciones de Thies circulan con los sellos Centaur, Albany, Golden Tone y Denouement Records. Entre 2003 y 2007 fue integrante del Instituto Americano de Estudios Musicales en Graz, Austria, y trabajó junto a su maestro Harold Heiberg, una autoridad en la canción de arte alemán. Allí Thies entrenó a cantantes y pianistas sobre las obras de los grandes compositores alemanes de lied. Radicado en la ciudad de Los Ángeles, sus maestros fueron Robert Turner y Daniel Pollack, ambos discípulos de los legendarios pedagogos rusos Rosina y Josef Lhévinne.

 

Notas al programa

Jorge Mester (1965)

Igor Stravinsky
(1882-1971)


Suite No. 2 para pequeña orquesta

En el contexto de la música del siglo XX, la figura de Igor Stravinsky se erige como el revolucionario que trabajó todo –ópera, ballet, música orquestal y de cámara– desde una óptica sumamente personal. Así, en su prolífico catálogo encontramos desde los trabajos primeros que le relacionan directamente con el nacionalismo ruso procedente de Nikolai Rimsky-Korsakov, hasta el neoclasicismo o un singular estilo que dio origen a obras como la que se interpreta esta noche.
Y aunque este autor ruso es ampliamente conocido por la música que escribió para los ballets producidos por Sergei Diaghilev en París, hoy resulta de enorme utilidad analizar la partitura que se presenta en esta jornada.
Después de entregar su revolucionaria partitura para el ballet «La consagración de la Primavera» en mayo de 1913, nuestro compositor decidió radicarse en Suiza durante los seis años siguientes, abrió una pausa en su trabajo para la escena y se concentró en la creación de obras para conjuntos pequeños. Fue entonces que surgieron diversas piezas breves para piano solo, entre 1914 y 1917, mismas que posteriormente se convertirían en dos Suites orquestadas entre 1921 y 1925. Se trata de obras generadas durante un período en que el compositor se tomaba toda la libertad para satisfacer su inquietud hacia el empleo experimental de una enorme variedad de timbres sonoros. Recordemos que de aquella época data su «Ragtime» para once instrumentos, partitura esencialmente intuitiva y escrita sin que Stravinsky hubiese escuchado antes una banda de jazz.
En esta Segunda suite, el compositor se toma la libertad de evocar a su amigo Diaghilev y al compositor italiano Alfredo Casella. El segundo fragmento es un Vals de homenaje al compositor Erik Satie, maestro indisolublemente asociado a la vanguardia parisina, y una Galop final dedicada a sus propios hijos mayores, Theodore y Mika.
Ésta última dedicatoria no deja de ser sorprendente, ya que se trata de una agitada danza que muchos relacionan directamente con el cancán, mientras que otros analistas suponen que apunta hacia una caricaturesca evocación de un cabaret en San Petersburgo que supuestamente fue remodelado para asemejarse al Folies Bergère parisino.
Cabe mencionar que el compositor se estableció en Estados Unidos en 1939 y adquirió la ciudadanía en 1945. Con lo mismo dio inicio a uno de sus períodos más controvertidos; su ópera en inglés «The Rake’s Progress», terminada en 1951, resultó fuertemente criticada aunque en la actualidad se le aprecia cada vez más, ya que ejemplifica la inquieta búsqueda mencionada arriba.


Sergei Rachmaninov

Sergei Rachmaninov
(1873-1943)


Concierto No. 2 para piano y orquesta

Compositor ruso nacido en Nizhny Nóvgorod, Sergei Rachmaninov es generador de una obra que se ubica como la expresión postrera del romanticismo decimonónico. Generador de una serie de creaciones que contemplan hacia el pasado, existen fuertes razones para ello ya que Nikolai Zverov y Alexandr Siloti, sus maestros en Moscú, fueron alumnos de Franz Liszt. También estudió con dos importantes compositores rusos: Anton Arensky, que le enseñó armonía, y Sergei Taneiev, que le daba clases de contrapunto. La celebridad como autor llegó a Rachmaninov quizá demasiado pronto. Contaba con apenas 19 años de edad cuando una obra suya para piano, el Preludio en Do sostenido menor, le otorgó una inesperada notoriedad hacia el año 1892, la cual se reforzaría al año siguiente con el estreno de su ópera «Aleko», la primera de tres que escribió. Pero no todo fue miel sobre hojuelas, ya que en 1897 el estreno de su Sinfonía número 1 fue decepcionante y el rechazo unánime a su nueva obra resultó en un duro golpe. El compositor estuvo a un paso de abandonar toda actividad creadora y durante un período de tres años apenas trabajó sólo como pianista y director.
Después de aquel terrible fracaso, Rachmaninov se hundió en una crisis depresiva de efectos demoledores que sólo encontró alivio gracias a la ayuda proporcionada por el neurólogo Nikolai Dahl, también especialista en psiquiatría y aficionado a ejecutar en el violonchelo. El resultado de esa recuperación fue el Concierto número 2 para piano y orquesta, obra que marcó su regreso a la composición y que se establece como la ejemplificación del estilo romanticista hacia las postrimerías del siglo. La partitura fue dedicada al doctor Dahl y se estrenó en Moscú, en octubre de 1901, con la Orquesta de la Sociedad Filarmónica y el compositor como solista.
Un breve análisis sobre este Concierto nos indica que se trata de obra marcada por la exaltación emocional y estados de ánimo a la manera de Tchaikovsky, lo cual le vincula fuertemente con la tradición propia de la segunda mitad del período decimonónico. El primer movimiento nos muestra un inicio impactante, una tensa introducción a cargo del solista y que marcará la entrada para el conjunto orquestal.
El segundo movimiento contiene una conmovedora melodía que inician la flauta y el clarinete, instrumentos que exponen el tema principal que habrá de desarrollar el solista. El tercero inicia con una introducción a cargo del piano, previa al clima ascendente en que convergen la fuerza rítmica de la orquesta y la filigrana del solista, que prepara al escucha para la emotiva coda final.

Felix Mendelssohn

Felix Mendelssohn
(1809-1847)


Sinfonía No. 3, «Escocesa»

Pese a su número en la publicación de las sinfonías de Mendelssohn, la 3 fue la última que escribió y se le considera el producto de una serie de experiencias conjuntadas a lo largo de un importante período en la breve vida del compositor. La inspiración inicial se produjo durante un viaje hacia Escocia, que le permitió conocer las leyendas impregnadas de magia de aquellas tierras tan gélidas como fascinantes.
Doce años habrían de transcurrir desde aquel viaje hasta la conclusión de la Sinfonía que hoy conocemos con la denominación de «Escocesa». La partitura quedó terminada el 20 de enero de 1842 y el estreno se realizó el 3 de marzo de aquel mismo año, en la ciudad de Leipzig, con la Orquesta de la Gewandhaus dirigida por el autor. Un poco más tarde, el 13 de junio de 1842, Mendelssohn la dirigió con la Filarmónica de Londres y tuvo oportunidad de observar la aceptación que el público británico prodigó a su ceración. Pero el proceso fue tan largo como complicado. Con frecuencia decaído en su ánimo a causa de amargas experiencias profesionales y familiares, Mendelssohn enfrentaba dificultades para concretar musicalmente sus impresiones; escaseaban las ideas para avanzar en la composición y los trazos que iniciaba eran seguidos casi de inmediato por una serie de incontables correcciones. Finalmente, los destellos de lucidez emocional le permitieron encadenar aquellos fragmentos y concluir la partitura en cuatro movimientos, que deben interpretarse sin división evidente entre uno y otro.
La Sinfonía «Escocesa» es, así, un discurso único y de contundente cohesión que discurre con fluidez de principio a fin, en una serie de temas que se hermanan entre sí a partir de una introducción que se erige desde el inicio mismo como poderoso factor unitario. En esta misma introducción –Andante con moto– se define la atmósfera del primer movimiento, mediante un ensamblaje instrumental en tono menor, oscuro y denso, que parece describir los helados paisajes marinos que el músico conoció en el viaje referido. A lo largo de la sinfonía, los amplios esquemas melódicos se combinan con dibujos armónicos contrastantes que dan la idea de los claroscuros propios de un pedazo de mundo en que el mar eternamente embravecido golpea insistente unas costas tapizadas de notorio verdor.
El paso del tiempo no resta atractivo a la Sinfonía «Escocesa», y aún hoy no son pocos quienes la escuchan por vez primera y resultan sacudidos en su capacidad de asombro por una obra de maravillosa espiritualidad y sentido de la exquisitez. Toda la razón asistió a Richard Wagner cuando, luego de asistir a una interpretación de la Sinfonía, dijo de ella que «es la obra de un paisajista de primer orden; un arte musical sorprendentemente perfecto».

Jorge Vázquez Pacheco.