PROGRAMA V

Segunda Temporada 2018

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 9 de noviembre, 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA

Maurice Ravel
«Mamá la Oca», suite
- Pavana de la Bella Durmiente del Bosque
- Pulgarcito
- Laideronnette, Emperatriz de los Pagodas
- Conversaciones entre la Bella y la Bestia
- El jardín encantado

Duración aproximada: 16 minutos

Richard Wagner
«Wesendonck lieder», para mezzosoprano y orquesta
-Der Engel (El ángel)
-Stehe still! (¡Detente!)
-Im Treibhaus (En el invernadero)
-Schmerzen (Penas)
-Träume (Sueños)

Duración aproximada: 22 minutos

Carla López-Speziale, Mezzosoprano

INTERMEDIO

Dmitri Shostakovich
Sinfonía No. 9 en Re mayor, Op. 70
-Allegro
-Moderato
-Presto
-Largo
-Allegretto

Duración aproximada: 26 minutos

Directora Artístico

Jorge Mester

Jorge Mester, Director Artistico

Jorge Mester Director Artístico

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
   En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012). Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
   Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
   Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
   En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
   Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
   Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha impuesto su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

 

Carla López-Speziale

Carla López-Speziale Mezzosoprano

Reconocida por su «voz muy bella, cálida, con un registro agudo seguro y suave y con un poderoso registro grave» (Basler Landschaftszeitung, Suiza), Carla López-Speziale se desenvuelve igualmente en ópera que en conciertos sinfónicos y de música de cámara.
   En el presente año ha cantado papeles como el de Orestes en el reestreno de la zarzuela barroca «Ifigenia en Tracia» de José de Nebra con la Orchestra of New Spain, en Dallas. En San Miguel de Allende interpretó Ulrica en «Un Ballo in Maschera» de Verdi y en el estreno mundial de la obra para niños «Sir Coquín y la princesa Carlinda» en Ciudad de México. En noviembre interpretará Réquiem de Mozart con la Filarmónica de la UNAM y en diciembre debuta con la Compañía Musica Viva de Hong Kong interpretando el papel titular de «Carmen» de Bizet, rol que ha presentado en diversas ciudades de México, Estados Unidos y China.
   Su repertorio incluye Dalila (Samson et Dalila), Azucena (Il Trovatore), la Zia Principessa (Suor Angelica), Isabella (L’italiana in Algeri), Orfeo (Orfeo ed Euridice), Erda (Götterdämmerung), Baba the Turk (The Rake’s Progress), Jo (Little Women) y La Vieja Dama (Candide), entre otros. Participó en la primera producción de la tetralogía wagneriana «El anillo del Nibelungo» en México con la Ópera de Bellas Artes interpretando los papeles de Siegrune, Flosshilde y la Segunda Norna en «Die Walküre» y «Götterdämmerung», respectivamente.
   Extensa también ha sido su actividad en las salas de conciertos, apareciendo con las más importantes orquestas mexicanas, así como con La Serenissima, I Sonatori della Gioiosa Marca y la Filarmónica de Shanghái. Destacan en este rubro sus participaciones en «El cuerno mágico del doncel» y las sinfonías Segunda, Tercera y Octava de Mahler, «Alexander Nevsky» de Prokofiev, «Wesendonck lieder» de Wagner, «El Mesías» de Haendel, «Nisi Dominus» y «Dixit Dominus» RV 807 de Vivaldi, y la Misa en Si menor, «Magnificat» y «La Pasión según San Mateo» de Bach, por nombrar algunas. Aparece también con frecuencia en recitales en México y los Estados Unidos.
   Ha sido ganadora de concursos como el de la Fundación Licia Albanese-Puccini, el Concurso «Vincenzo Bellini» en Italia, el Distrito de Nueva York de las Audiciones del Consejo Nacional del Metropolitan Opera y el Concurso «Carlo Morelli», entre otros.
   Inició sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música donde se graduó con mención honorífica, continuó en la Manhattan School of Music de Nueva York becada por la Comisión Fulbright y la UNAM, donde obtuvo Maestría y Doctorado en Artes Musicales. Ha sido galardonada con becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes como creador escénico en dos ocasiones. Su discografía incluye el disco «Soirée musicale» con obras de Rossini para voz y piano con el pianista Sergio Vázquez.

 

Notas al programa

Maurice Ravel

Maurice Ravel
((1875-1937)


«Mamá la Oca», suite

Los motivos que condujeron a Maurice Ravel a escribir esta enternecedora y sorprendente serie conocida como «Ma mère l’oye» (Mamá la Oca) pueden explicarse a través del testimonio de quienes conocieron a este enigmático personaje de rasgos finos y modales delicados. Algunos de sus amigos le consideraban como un niño que guardaba una capacidad de sorpresa jamás alterada. Su amigo Alexis Roland-Manuel manifestó que Ravel «dominaba un mundo encantado poblado de niños, de dioses, hadas, animales tiernos, de relojeros sin alma y relojes inmortales».
Incansable coleccionista de curiosidades y miniaturas, Ravel llevó esta tendencia hacia su música y, en particular, a su suite «Mamá la Oca», escrita originalmente para piano a cuatro manos en el año de 1908. Se trata de cinco fragmentos inspirados en la obra de Charles Perrault conocida en nuestro idioma con el título de «Cuentos de Mamá la Oca». Cada uno de los episodios alude a personajes de la colección de cuentos, a excepción de «Laideronnette, emperatriz de las pagodas», que apunta hacia una narración de la condesa d’Aulnoy, enigmática escritora que vivió entre 1650 y 1705.
«Mamá la Oca» fue dedicada a los hijos del matrimonio Godebski, una pareja amiga de Ravel. Poco tiempo después, y por consejos de amigos, el mismo compositor la orquestó y luego de añadirle algunos números más, la convirtió en ballet. Esta última versión nunca terminó de caer bien en el ánimo del público.
Pero la suite en versión para orquesta sí se ha hecho tremendamente popular y en su encantadora sencillez muestra un pasaje de notorio exotismo –el de Laideronnette–, con evidentes evocaciones hacia la música china. Hacia el fragmento final, Ravel nos proporciona la clave de su emoción ante las narraciones fantásticas. Con una dotación ni siquiera elemental de metales (no hay trompetas, trombones ni tuba) nos hace transitar por un breve pasaje de suaves inflexiones hacia un clímax estremecedor, en que el enunciado final resulta claro: No sólo todo tiempo pasado fue mejor; también es doloroso alejarnos día a día de la inolvidable niñez.


Richard Wagner (1813-1883)

Richard Wagner
(1813-1883)


«Wesendonck lieder»

Esta obra integra cinco canciones con música de Richard Wagner en otro de sus tormentosos episodios amorosos. Obligado a refugiarse en Zúrich debido a sus simpatías hacia el denominado «Levantamiento de Mayo» de Dresde, en 1849, insurrección que rápidamente fue sofocada por las fuerza aliadas sajonas y prusianas, Wagner se vio en la necesidad de establecerse en Zúrich con su esposa Minna, donde disfrutaron de la hospitalidad de un acaudalado comerciante llamado Otto Wesendonck.
El músico casi de inmediato se prendó de Mathilde, esposa de su anfitrión, en un triángulo sentimental abonado por las frecuentes ausencia del esposo y que, por añadidura, resultó en otro estallido de creatividad para el compositor. Desde 1848 y el punto final a la partitura de su ópera «Lohengrin», no había trabajado sobre algo realmente notable, de modo que en otoño de 1857 reanudó su labor sobre «Tristán e Isolda» con la colaboración de Mathilde, dama ilustrada a quien Wagner leía una parte del libreto tarde tras tarde.
Al mismo tiempo, el compositor y la dama idearon una nueva serie de canciones sobre poemas escritos por ella, en una labor que el músico describió como «la suprema transfiguración y consagración de sus palabras». El resultado fue la serie que se interpreta esta noche, los «Wesendonck lieder», originalmente titulada «Fünf Gedichte für eine Frauenstimme» (Cinco poemas para una voz femenina). Los textos de Mathilde revelan de muchas formas la atmósfera imperante en la casa Wesendonck y los analistas encuentran el reflejo de la doble naturaleza de su existencia, particularmente en los poemas segundo y cuarto. La música, por otra parte, se muestra fuertemente emparentada con «Tristán e Isolda» y la versión orquestal se debe al compositor y director austriaco Félix Mottl, quien la realizó en 1880. Existen datos acerca del último lied orquestado por el propio Wagner, interpretado por dieciocho instrumentos y violín solista en lugar de la voz en una serenata ofrecida a Mathilde con motivo de su cumpleaños.
Desde luego que este affaire habría de registrar consecuencias. Durante las prolongadas ausencias de Otto, el compositor organizaba fiestas con dinero de él, lo cual molestó sensiblemente al anfitrión; Minna descubrió una carta amorosa a Mathilde y optó por retornar a Dresde mientras Wagner viajaba hacia Venecia. Más tarde se uniría con Cósima, hija de Franz Liszt que estuvo casada con el director de orquesta Hans von Bülow.
Todo indica que Wagner apreciaba realmente esta ciclo y llegó a redactar su convencimiento de que pocas obras suyas habrían de ser recordadas más que los «Wesendonck lieder». La historia no le dio la razón, aunque este ciclo se destaca como la ejemplificación del sentimentalismo volátil y frágil de un poderoso talento.

Richard Wagner (1809-1847)

Dmitri Shostakovich
(1906-1975)


Sinfonía número 9

Hacia abril de 1945, el avance de los aliados sobre territorios ocupados por los nazis despertaba un justificado sentimiento patriótico entre los dirigentes de la Unión Soviética y esta circunstancia coincidía con la noticia de que Shostakovich trabajaba sobre una Sinfonía 9 que teóricamente debía ser todo un himno a la victoria militar.
Pero esta nueva obra resultó acorde con el espíritu mordaz e irónico del músico. Su duración es de apenas media hora con cinco movimientos y, para colmo, los tres últimos debían interpretarse sin interrupción. Existen indicios de que Shostakovich sí pensaba en una partitura de enormes proporciones, pero solo si tenía a la mano los elementos adecuados, un buen texto poético para la parte coral y, por si las dudas, la certeza de que no incurriría en la analogía de crear algo semejante a la Novena de Beethoven. Pero súbitamente cambió de opinión y se dio a la tarea de trabajar sobre la obra que fue estrenada el 3 de noviembre de 1945, con la Filarmónica de Leningrado dirigida por Yevgeny Mravinsky.
El primer movimiento es una danza desarticulada y grotesca con ciertos rasgos de comicidad por la continua irrupción de los trombones, que intervienen inopinadamente con dos notas incisivas. Alguien redactó que aquí el autor se propuso demostrar que la música circense es susceptible de trasladarse a la sala de conciertos. Los ritmos vivaces y exagerados nos dan de inmediato la idea del ámbito de feria, de desenfado y jolgorio desgarbado. Sólo esto, por no mencionar los movimientos siguientes, pudo ser suficiente para despertar la furia de los burócratas.
Curiosamente, el enojo no se presentó de inmediato, pero al año siguiente el aparato oficialista atacó argumentando que la Novena representaba la negación hacia los problemas nacionales y que nada justificaba la desconexión del músico mediante la simplicidad creativa. Pronto sus sinfonías 8 y 9 pasaron al catálogo de la «música prohibida», al lado de la obra de otros creadores señalados como «formalistas» y «decadentes».
Hoy, al observar aquella mueca socarrona que es la Novena sinfonía, sabemos que allí se escondía la desesperanza de un músico que veía la nulidad de su entrega al sistema. Incapaces de comprender su poderío y talento, los políticos se dedicaron a atacarle y denostarle a la menor oportunidad. Por lo mismo, es justa una observación del director de orquesta Yuri Temirkanov, en el sentido de que Shostakovich y su arte fueron el alma del pueblo ruso durante la difícil época del estalinismo.

Jorge Vázquez Pacheco.