PROGRAMA III

Segunda Temporada 2018

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 21 de septiembre, 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA

Leonard Bernstein
Obertura “Candide”

Duración aproximada: 10 minutos

Edward Elgar
Concierto en Mi menor para violonchelo y Orquesta, Op. 85
-Adagio-Moderato
-Lento-Allegro molto
-Adagio
-Allegro-Moderato-Allegro ma non troppo

Duración aproximada: 29 minutos

Bárbara Piotrowska, Violonchello

INTERMEDIO

Sinfonía No. 1 en Si bemol mayor, Op. 38, Primavera
-Andante un poco maestoso
-Allegro molto vivace
-Larghetto
-Scherzo; molto vivace
-Allegro animato e grazioso
-Saltarello: Presto

Duración aproximada: 33 minutos

Directora Artístico

Jorge Mester

Jorge Mester, Director Artistico

Jorge Mester Director Artístico

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
   En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012). Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
   Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
   Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
   En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
   Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
   Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, la sala principal del Foro Boca lleva su nombre.

 

BÁRBARA PIOTROWSKA

Bárbara Piotrowska Violonchelo

Artista de contundente eficiencia, se presenta regularmente con la Filarmónica de Berlín como parte de la serie de música de cámara de esta organización de nivel supremo. Como solista y músico de cámara, ha actuado en Polonia, en toda Europa y en México con orquestas como la Filarmónica de Varsovia, Filarmónica de Colonia, Concertgebouw de Ámsterdam, Filarmónica de San Petersburgo, Real Círculo Artístico de Barcelona, Ópera Nacional de Varsovia y del Teatro di San Carlo de Nápoles. También ha actuado en la Spiegelsaal de Berlín, como parte de su actividad en los renglones de música de cámara y ha colaborado con artistas tan importantes como Yo-Yo Ma, Krystian Zimerman, Jerzy Semkow, Andrea Bocelli y Krzysztof Penderecki. Ha sido invitada a festivales internacionales como el Schleswig Holstein, Ludwig van Beethoven Easter, Internacional Paderewski, Termoli Musica, de Bellagio y Lago Como (Italia) y Verita Nostra “Voces en la oscuridad” de Varsovia. Es graduada de la Universidad Chopin de Varsovia, después de estudiar con el profesor Andrzej Orkisz. Ha sido ganadora de Primer premio en numerosos concursos, en Polonia y en el extranjero; obtuvo Primer lugar y dos premios especiales en el Concurso Internacional de Música de Cámara “Kiejstut Bacewicz”, en Łódź; el Gran Premio y un premio especial por la mejor interpretación de una obra por Pierre Lantier en el Concurso Internacional de Interpretación “Pierre Lantier” de París, así como el Primer premio en el Concurso Internacional de Música de Cámara “Max Reger” en Sondershausen y el Primer lugar en el Concurso Nacional “Johann Sebastian Bach” en Zielona Góra, Polonia. Piotrowska ha realizado numerosas grabaciones para la Televisión Polaca (TVP), la Radio de Polonia y firmas discográficas. Tomó parte en la grabación CD de una obra raramente interpretada: el Cuarteto para cuatro violonchelos de Grażyna Bacewicz (DUX; 2011), así como en “La muerte y la doncella” de Schubert y el Cuarteto en Fa menor Op. 80 de Mendelssohn (DUX 2006). En 2016 participó en el estreno mundial de los cuartetos de Joaquim y Gaspar Cassadó con el Cuarteto de Cuerdas lghme, en Barcelona. Actualmente prepara para registro en CD los Tríos con piano de Beethoven y Schubert. Desde 2010, la maestra Piotrowska ha sido miembro de la Orquesta de Cámara de Radom. También ha realizado actuaciones especiales en orquestas como Sinfonía Varsovia, Sinfónica de la Radio Polaca, Deutches Symphonie Orchester de Berlín y Filarmónica de Cámara Polaca. Fue profesora del instrumento en la Escuela de Música Chopin de Varsovia. Bárbara Piotrowska es actualmente Violonchelo Principal en la Orquesta Filarmónica de Boca del Río e interpreta en un instrumento histórico, construido por Carlo Giuseppe Testore en 1703.

 

Notas al programa

Richard Strauss

Leonard Bernstein
(1918-1990)


Obertura “Candide”

“Cándido o el optimismo” de François-Marie Arouet (1694-1778, mejor conocido como Voltaire) apareció en el año 1759 y es la obra con que este escritor, historiador y filósofo francés trató de refutar el postulado del alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, quien en su “Ensayo de Teodicea”, de 1710, respaldaba la idea de que éste “es el más perfecto de los mundos creados por Dios para el hombre”. Para contradecirle Voltaire se propuso llegar incluso al absurdo, pero su escrito fue anatematizado en forma casi generalizada, quemado públicamente en Ginebra, prohibido en París y condenado por el Vaticano. A grandes rasgos, la historia es la siguiente: El doctor Pangloss explica a su alumno Cándido que este mundo es el mejor posible y que nada supera al matrimonio como el mejor de los arreglos para la felicidad humana. Pero una catástrofe destruye Westfalia y el joven Cándido supone que su amada Cunegunda ha perecido en esta desgracia. Tratando de convencerse de la amabilidad del mundo que le ha descrito Pangloss, emprende un viaje que le conduce a Lisboa, París, Venecia y algunos lugares de Sudamérica, pero termina por regresar por completo desilusionado a las ruinas de Westfalia. La trágica muerte de su maestro Pangloss y la desaparición de Cunegunda no cuadran con la visión optimista del mundo. Más tarde encuentra a su amada, pero la desdicha parece perseguirle, su barco naufraga y pierde todo el oro que había encontrado en Eldorado. Arruinadas sus ilusiones, en su canto final retoma la filosofía vital de Voltaire: en este mundo cruel, lo único que guarda un poco de sentido es plantar un jardín y cuidarlo para que florezca.


EDWARD ELGAR (1857-1934)

Edward Elgar
(1890-1959)


Concierto para oboe y pequeña orquesta

La celebridad de este autor británico se apoya en su estudio sinfónico Falstaff, el Concierto para violín opus 61, el oratorio “El sueño de Geroncio”, las Variaciones enigma, las cinco marchas “Pompa y circunstancia” y, de manera muy especial, su Concierto para violonchelo opus 85. Este último se establece como una suerte de “canto del cisne”; obra en tono crepuscular previa a la etapa de depresión que marcó los últimos quince años de su existencia, agravados por la muerte de su esposa, la novelista y poeta Caroline Alice, quien murió el 7 de abril de 1920. Después de ello, Elgar ya no fue capaz de producir algo importante.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial, el compositor advertía el declive en su popularidad y el recrudecimiento de los problemas de salud. Los primeros esbozos del Concierto datan de 1918, cuando se reponía de una cirugía, y lo concluyó en al año siguiente en su casa de campo de Fittleworth, en la región de Sussex.
El Concierto fue estrenado el 27 de octubre de 1919, con Felix Salmond como solista de la Sinfónica de Londres bajo la dirección del autor. El resto del programa fue dirigido por Albert Coates, quien se tomó demasiado tiempo para sus propios ensayos dejando sin oportunidad a Elgar y Salmond. Las reseñas de la época nos remiten a la belleza de la partitura, pero también remarcan los lamentables resultados debidos básicamente a ensayos insuficientes.
Después de aquella desastrosa primera audición, el Concierto cayó en el olvido aunque hubo dos grabaciones realizadas por Elgar con Beatrice Harrison, en 1920 y 1928, que no resultaron suficientes para anclar la obra en el gusto del público. Fue necesario el paso del tiempo y la impactante presencia de Jacqueline du Pré (1945-1987) para revitalizar la partitura mediante un registro discográfico realizado en 1965 con John Barbirolli y la Sinfónica de Londres; grabación que hoy se considera antológica y que parece encajar a la perfección con el trágico destino de du Pré.
Finalmente, no es exagerado ubicar a Elgar al inicio de la nutrida y rígida tradición británica que cuenta entre sus distinguidos miembros a personalidades como Britten, Vaughan Williams y Holst. En una época en que el romanticismo de finales de siglo derivaba directamente de la escuela alemana, principalmente Wagner y Brahms, o tendía hacia el impresionismo francés, Elgar optó por el compromiso de una obra con rasgos absolutamente personales y al margen de toda influencia externa. Esto contribuyó a hacer de él un creador auténtica e inconfundiblemente inglés.

Robert Schumann (1810-1856)

Robert Schumann
(1810-1856)


Sinfonía No. 1, «Primavera»

La Sinfonía denominada “Primavera” fue escrita durante el período mayormente fecundo en este autor alemán, mismo que coincide con el inicio de su relación con Clara Wieck. La pareja se casó en septiembre de 1840, pero Schumann jamás conoció períodos de bonanza y una serie de desgracias familiares le desquiciaron; en 1854 fue recluido en un hospital para dementes y sus últimos días fueron de sufrimiento espantoso.
Esta obra se gestó hacia inicios de 1841 y se estrenó el 31 de marzo de 1841, con la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig bajo la dirección de Mendelssohn. El autor reconoció haberse inspirado en el poema de Adolph Boettger intitulado “El espíritu de las nubes”, en que –de acuerdo a las palabras de Schumann–, “la primavera aparece radiante, en la plena belleza de su juventud.”
No faltan quienes opinan que esta Sinfonía es de menor originalidad con respecto de las otras tres escritas por Schumann. Pero es significativo el poco recelo que despertó entre sus contemporáneos, con todo y sus detalles novedosos. Si en el encantador Adagio de la Sinfonía 2 se da un cromatismo que resultaría inspirador para Wagner, y en la 4 observamos un adelantado concepto de la forma cíclica –más tarde explotado por el sinfonismo romanticista–, en la “Primavera” encontramos el recurso de un tema utilizado como elemento unificador. La enérgica introducción reaparece hacia la sección central del primer movimiento y se insinúa al iniciarse el cuarto, en medio de un ejemplar trabajo de texturas claras y sonoridades transparentes que el público actual disfruta cada vez con mayor entusiasmo.
Una de las características de la obra de Schumann es la ausencia de un evidente proceso evolutivo, que en el caso de otros creadores se muestra como una suerte de expediente clínico que nos permite visualizar períodos claramente definidos. Pero su incursión al ámbito sinfónico no fue transición libre de complicaciones y no fue tarea sencilla el traslado de la configuración pianística, plena en fantasía y libertad imaginativa, hacia un conjunto de grandes dimensiones. Schumann enfrentaba los desafíos de transitar por un territorio apenas explorado anteriormente, entre 1832 y 1835, en un intento por escribir una Sinfonía que pronto fue desechada. Esto le obligó a replegarse hacia formas preestablecidas y trabajar no sobre enormes trazos sinfónicos, sino en la sucesión y cohesión lógica de breves ideas musicales. De ello se derivó, entonces, la paradoja de una creatividad del todo original pero sujeta al respeto de la tradición.

Jorge Vázquez Pacheco.