PROGRAMA VIII

Primera Temporada 2019

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 10 de mayo, 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA VIII

Frédéric Chopin
Concierto No. 2 en Fa menor para piano y orquesta, Op. 21
- Maestoso
- Larghetto
- Allegro vivace

Duración aproximada: 30 minutos

INTERMEDIO

Dmitri Shostakovich
Sinfonía No. 10 en Mi menor, Op. 93
-Moderato
-Allegro
-Allegretto
-Andante-Allegro

Duración aproximada: 50 minutos

Daniela Liebman / Piano

Jorge Mester, Director Arttístico

Jorge Mester

Jorge Mester Director artístico de la Orquesta Filarmónica de Boca del Río

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
   En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
   Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
   En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
   Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha impuesto su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

Daniela Liebman

Daniela Liebman Pianista

Nacida en Guadalajara, Jalisco, el 14 de junio de 2002, inició sus estudios de piano a la edad de cinco años e hizo su debut a los ocho, tocando el Concierto número 8 de Mozart con la Sinfónica de Aguascalientes. Desde entonces ha tocado en numerosas oportunidades con más de veinte orquestas y en cuatro continentes. la Ontario Philharmonic, Orlando Philharmonic, Orquesta del Festival de las Artes de Boca Ratón, San Angelo Symphony, Radio Filarmonía de Lima (Perú), Sinfónica de Colombia, Rachmaninov del Kremlin (Kirguistán) y del Festival de Guatemala. En México, con las orquestas Filarmónica de la Ciudad de México, Filarmónica de Jalisco, Sinfónica de Michoacán, Sinfónica de Zapopan, Sinfónica Sinaloa de las Artes y Sinfónica de Aguascalientes.
   En 2013 hizo su debut en el Palacio de Bellas Artes de México en dos ocasiones, tocando los conciertos para piano de Shostakovich y Mozart con la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Ese mismo año debutó en el Carnegie Hall de Nueva York con la Orquesta de Cámara Park Avenue, así como en el Auditorio Perlman Stage/Stern con el Concierto número 2 de Shostakovich.
Ha ofrecido recitales en el Festival Cervantino (México), en León (Guanajuato), Córdoba (Argentina), Valparaíso (Chile), Kennedy Center, Festival Ravinia, la Serie Harriman-Jewel y el Kravis Center for the Arts, todos éstos en los Estados Unidos. Fue ganadora de primeros lugares en los concursos internacionales «Noche en Madrid» 2011 (España), «Russian International Music Piano Competition» 2012 (California) y del Festival Piano Texas 2017 (conocido como TCU/Cliburn Piano Institute). En 2013 fue seleccionada para participar en el Campamento de Música Junior de Lang Lang, en Múnich.
Le han sido otorgados las siguientes distinciones y reconocimientos: «Sarquis Merrewe», del Ayuntamiento de Guadalajara como «Ciudadano distinguido», Premio Nacional de Juventud 2014 (México), del Gobierno del Estado de Jalisco como «Jalisciense que lleva el nombre del Estado por el Mundo» y de la Secretaria de Relaciones Exteriores en Texas como Embajadora de la Cultura y las Artes de México. En 2016 fue nombrada por la revista Forbes como uno de los «Cincuenta mexicanos más creativos del mundo».
   El año pasado en Estados Unidos presentó recitales en las series Young Artists, Tri-C (Cleveland Museum of Modern Art) y su regreso a Ravinia (Bennett Gordon Hall). Tocó en las universidades de Harvard y Wyoming, en las Knoxville Piano Series (Tennessee), Rockefeller University Series (Nueva York), La Jolla Music Discovery Series (California), Brevard Music Center (Carolina del Norte) y Music in Landrum (South Carolina).
Actualmente estudia tiempo completo con el Doctor Tamás Ungár en Fort Worth, Texas.

Notas al programa

Frédéric Chopin

Frédéric Chopin
(1810-1849)


Concierto No. 2 para piano y orquesta

Imposible redactar una semblanza de Chopin en tan solo unas líneas. Artista de personalidad extremadamente compleja, al lado de su sobrehumana sensibilidad –que le convirtió en una tormenta de pasiones y melancolías– encontramos a un hombre de anatomía débil y enfermiza, indeciso, víctima de un desmedido miedo hacia la muerte e inexplicable pánico a las presentaciones ante el público.
Junto a la imperiosa necesidad de intimar con el piano para expresarse, sus amigos encontraban también en este virtuoso la terrible paradoja de un miedo enorme a las presentaciones, algo que confesó personalmente a Franz Liszt: «No poseo el temple necesario; el público me intimida y me asfixia su impaciencia», para de inmediato admirar el temple del maestro húngaro: «Pero usted está destinado a ello porque somete al público, lo domina».
Chopin escribió sólo seis obras para piano y orquesta, entre ellas sus dos Conciertos. Todas pertenecen a su período de formación, cuando comenzaba su carrera en Varsovia como compositor y pianista. Después de ello y de su partida de Polonia para jamás retornar, habría de volcar su genio hacia las formas breves. Tenemos ante nosotros, entonces, la grandeza creativa apoyada en obras tan cortas que pareciera que en unos minutos el músico intentaba plasmar toda su interioridad y sus impresiones del mundo.
   Mucho se ha reiterado en el sentido de que Chopin convirtió a la orquesta en un elemento al servicio del solista, y esto fue duramente señalado por sus contemporáneos. De acuerdo al concepto romanticista y a lo que se ha dicho y escrito, el Concierto en Mi menor podría ser algo así como la ejemplificación de lo que NO se debería hacer.
Pero el asunto no es tan simple. Cuando Chopin trabajaba sobre sus obras para piano y orquesta, los conciertos de Beethoven aún eran desconocidos y apenas se tenían presentes los de Mozart. Los modelos imperantes eran Hummel y los provenientes del estilo de Johann Christian Bach, todo lo cual aunado a la intención propia de los virtuoso del teclado, se traducía en que la escritura «floja» destinada a la orquesta pasó a ser un objetivo concreto y no, como tenderíamos a suponer de primera mano, en la incapacidad del compositor.
Como en muchos casos históricos, no faltaron quienes decidieron «mejorar» la partitura original y uno de ellos fue el pedagogo polaco Carl Tausig (1841-1871), quien se propuso hacer del Concierto número 1 de Chopin algo que sonara más sinfónico. Pero en ese intento se vio obligado a cambiar también casi toda la parte del piano, para tratar de equilibrarla con la orquesta. El resultado fue, desde luego, algo por completo distinto al concepto original.
   Aquellos intentos por «salvar» los Conciertos de nuestro músico han sido tan estériles que los originales nunca han desaparecido del repertorio y se mantienen en el ánimo tanto de los pianistas como del público. Es evidente que la calidad de sus ideas, los bellos contornos melódicos y su musicalidad pianística compensan ampliamente los «defectos» que pudieran señalársele.
La obra que se interpreta esta noche, el Concierto número 2 en Fa menor opus 21, es en realidad el primero que Chopin escribió. Data de 1829 y fue estrenado por el propio compositor al piano el 17 de marzo de 1830, en Varsovia, mientras que el Primero fue escrito en 1830, poco antes de la partida desde Polonia para nunca más retornar. Está dedicado a la condesa Delphine Potocka, una noble polaca de personalidad tan deslumbrante que motivó elogios procedentes del pintor Eugène Delacroix, quien la describió como «el ser más perfecto que jamás haya conocido». Algunos datos históricos indican que la dama pudo haber sido otro de los enamoramientos de Chopin.
Los contornos del Concierto 2 son de acentos dramáticos mayormente acentuados que en su compañero de catálogo, combinado ello con pasmosa inspiración melódica, riqueza en expresividad y enorme sentido rítmico.
   El primer movimiento presenta una amplia introducción orquestal que expone los dos temas principales, ambos un tanto amables e intimistas. El segundo fue inspirado, según se dice, por una soprano de nombre Constanza Gladowska que en la juventud del músico motivó sus pasiones amorosas. El Allegro final tiene forma de Rondó con dos temas principales, uno de los cuales presenta intenso sabor folklórico polaco.

Dmitri Shostakovich

Dmitri Shostakovich
(1906-1975)


Sinfonía No.10 en Mi menor, Op.93

Víctima de una persecución casi permanente desde la burocracia soviética, el compositor Dmitri Shostakovich vio recrudecida las acusaciones en su contra debido a la implantación del denominado «decreto Zhdanov», una serie de ideas estética impulsadas desde 1946 por Andrei Zhdanov (1896-1948), político que se distinguió por su férrea defensa de un «realismo socialista» que buscaba contraponer los valores propios frente las ideas burguesas y de tendencia occidentalista. Tal censura alcanzó también a Prokofiev, Kabalevsky, Miaskovsky y otros autores menos renombrados.
    Después de su muerte, su doctrina sobrevivió a Zhdanov y mantuvo vigencia hasta finales de la década de 1950, aunque la llamada «época del deshielo» (inmediata a la muerte de Iósif Stalin) aportó un alivio a los creadores y distensión en los condicionamientos para la realización de sus proyectos. El dictador murió el 5 de marzo de 1953 (el mismo día en que fallecía también Sergei Prokofiev), lo que condujo a Shostakovich a refugiarse en su finca de Komarovo (cerca de la ciudad de Leningrado, hoy San Petersburgo) para iniciar la escritura de su Décima sinfonía, la cual se constituiría como la esperanza de liberación desde aquel opresivo contexto político.
    La Décima sinfonía fue estrenada el 17 de diciembre de 1953, con la Orquesta Filarmónica Leningrado dirigida por Yevgeny Mravinsky. Previamente y ante la prohibición de interpretarse sus sinfonías Octava y Novena, Shostakovich se vio en la necesidad de orientar su talento hacia encargos oficialistas para filmes de absurdo elogio al sistema o sobre temas patrióticos. Las partituras de cámara y ciclos de canciones de aquella época fueron ideadas casi para sí mismo y, desde luego, a la espera de mejores tiempo. Bien cabe la mención al hecho de que su ciclo «De la poesía folclórica judía» fue concebido en los momentos en que el antisemitismo cobraba particular energía en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A cambio de ello, «La canción de los bosques», controversial cantata que hoy motiva lo mismo admiración que repudio, le mereció el Premio Stalin de 1950 por su elogio a la tarea de reforestación impulsada por Stalin después de la Segunda Guerra Mundial.
    En su magnífico análisis de la Décima sinfonía, Jorge Velazco (1942-2003) nos indica que el soberbio primer movimiento, de naturaleza enigmática y atmósfera oscura, «representa un magnífico resultado en el esfuerzo de lograr una forma que no se restrinja estrictamente a la forma sonata, pero con lógica y coherencia estilísticas que le permitan fijar su propia proporción y desarrollo… Es posible detectar cómo consiguió fundir un lirismo profundo con una concepción épica y heroica, para el logro de un prodigio de arquitectura sinfónica».
    El segundo movimiento es un corto Allegro que se mueve entre la agilidad de la cuerda y la estridencia de los alientos, mientras que el tercero presenta una rítmica lenta en que se combinan los momentos de introspección con un tema que vuelve a presentar las cuatro notas de sus iniciales (DSCH, equivalentes a Re-Mi-Do-Si). Se trata de un anagrama empleado desde 1948 en su Primer concierto para violín opus 77, que más adelante también usaría en el Concierto 1 para violonchelo (de 1959) y el Cuarteto número 8 de 1960. A todos queda claro ahora que esta firma se traduce como la condena decisiva al dictador muerto y el anhelo de una real libertad creativa en la Unión Soviética.

Jorge Vázquez Pacheco.