PROGRAMA VII

Primera Temporada 2019

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 26 de abril, 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA VII

Wolfgang A. Mozart
«Eine kleine Nachtmusik» (Pequeña serenata nocturna) en Sol mayor, K. 525
-Allegro
-Romanza. Andante
-Menuetto. Allegretto
-Rondó. Allegro

Duración aproximada: 16 minutos

Ludwig Van Beethoven
Sinfonía No. 8 en Fa mayor, Op. 93
-Allegro vivace e con brio.
-Allegretto scherzando.
-Tempo di Menuetto.
-Allegro vivace.

Duración aproximada: 24 minutos

INTERMEDIO

Piotr I. Tchaikovsky
Serenata para cuerdas en Do mayor, Op. 48
-Pezzo in forma di sonatina: Andante non troppo-Allegro moderato
-Valse: Moderato-Tempo di valse
-Élégie: Larghetto elegiaco
-Finale (Tema russo): Andante-Allegro con spirito

Duración aproximada: 34 minutos

Jorge Mester, Director Arttístico

Jorge Mester

Jorge Mester Director artístico de la Orquesta Filarmónica de Boca del Río

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha impuesto su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

Notas al programa

Wolfgang A. Mozart

Wolfgang A. Mozart
(1770-1827)


Pequeña serenata nocturna

Escrita en el año de 1787, esta obra se ubica hacia la misma época en que Mozart compuso su célebre ópera «Don Giovanni», un poco antes del Concierto para piano número 26 y poco después de la Sinfonía 38. Por esas mismas fechas, mayo de 1787, fallecía su padre Leopold y el autor contaba con apenas 31 años de edad.
Por muchos años el manuscrito se extravió y poco se sabía de esta partitura. Hoy sabemos que fue escrita originalmente para grupo reducido de cuerdas (posiblemente solo cinco o seis instrumentistas) y que, en lugar de los cuatro movimientos que le conocemos, contaba con cinco. El movimiento desaparecido, otro Menuetto, fue desechado por el compositor y hasta la fecha ignoramos los motivos que le condujeron a eliminarlo. Tampoco sabemos algo acerca de la posible dedicatoria.
Para las interpretaciones actuales de la «Pequeña serenata nocturna», el número de ejecutantes se ajusta al criterio del director en turno. Hay quienes prefieren una formación reducida, camerística del todo, mientras que otros optan por emplear casi toda la sección.
Para quienes gustan de jerarquizar la obra de Mozart –algo que no a todos resulta agradable–, la «Pequeña serenata nocturna» se ubica como una obra menor, que posiblemente no contenga la profundidad de otras partituras del Genio de Salzburgo. Pero se trata de una composición en la que el músico se ha expresado con la más viva y chispeante espontaneidad. Sus modestas proporciones no implican necesariamente ausencia de inspiración, y su estructura con base a las elementales formas propias del estilo galante, contiene una asombrosa y deslumbrante luminosidad.
Por añadidura, pocas partituras contienen, como esta Serenata, el prodigio de ganarse de inmediato la simpatía y el afecto duradero de quien la escucha por vez primera.
Finalmente comentaremos que por «serenata» se entiende una forma de composición musical para ensamble de instrumentos que puede ser de lo más variado. Se supone que, como música para ocasiones informales, cobró gran popularidad hacia el siglo XVIII y se interpretaba hacia el anochecer y al aire libre en los festejos de la aristocracia europea. La denominación quizá proviene del vocablo italiano «sera», que significa «tarde», aunque también parece derivar de «sereno» en alusión a su carácter reposado.
Con el paso del tiempo y al margen de sus contornos propios para cantos de enamoramiento, los grandes autores depositaron su atención en esta forma libre de las ataduras estructurales que la tradición impuso a las sonatas y sinfonías. Mozart escribió trece Serenatas, y le siguieron –entre otros–, Beethoven, Brahms, Dvorák y Tchaikovsky.

Wolfgang A. Mozart

Ludwig Van Beethoven
(1770-1827)


Sinfonía No. 8 en Fa mayor

La ubicación de esta obra en el catálogo de Beethoven confirma la idea de que, casualmente, las obras con número par son representativas del lado apacible y tranquilo en el carácter del compositor. En efecto, flanqueada por la portentosa Sinfonía número 7 y la grandiosidad épica de la Novena, conocida como «Coral» con texto de Schiller para la «Oda a la alegría», la Octava ha sido considerada tradicionalmente (e injustamente) como una «obra menor». Esta partitura comparte con la «Pastoral» (la número 6) la tonalidad de Fa mayor y su estreno se dio el 27 de febrero de 1814, en la ciudad de Viena. Beethoven había trabajado durante un tiempo relativamente breve sobre esta partitura, hasta terminarla en octubre de 1812, casi al mismo tiempo que la Sinfonía 7.
Los analistas llaman la atención hacia el espíritu despreocupado y optimista que se percibe en la Octava, así como en su duración relativamente breve (apenas 25 minutos). Sabemos que no hubo períodos en blanco durante el trabajo de Beethoven sobre la misma y aquí el melómano puede percibir una notoria influencia del estilo propio de Franz Joseph Haydn, lo cual no deja de llamar la atención ya que años atrás Beethoven había tomado algunas clases con Haydn, aunque aquella relación maestro-alumno desembocó en una serie de amargas diferencias. Se supone entonces que la Octava es una suerte de despedida al mundo clasicista, cuando el autor estaba inmerso en un renglón creativo decididamente romántico.
La época, sin embargo, no fue del todo amable para el músico. Renunciaba a la única posibilidad de amor que tuvo a la mano, sufrió un alejamiento de su hermano y sabemos que contemplaba seriamente la posibilidad del suicidio. El resultado de esa vorágine de sentimientos es una creación del todo despojada de pesimismo y de emociones amargas. En torno de esta partitura existe una anécdota interesante: Beethoven acostumbraba reunirse periódicamente con algunos amigos y en una velada, marcada por un alegre estado de ánimo, Johann Mäzel hizo una descripción del metrónomo con el que trataba de dotar a los músicos –instrumentistas y compositores– de un recurso que les permitiese concebir el «tempo» con exactitud y lograr una ejecución regulada. Todo indica que a Beethoven le gustó la idea y de inmediato procedió a tararear un tema que remarcaba el sonido del aparatito. Los demás asistentes le convencieron de convertir la tonada en un Rondó que, se dice, pasaría más tarde a formar parte del la Octava sinfonía en su segundo movimiento.

Gustav Mahler

Piotr I. Tchaikovsky
(1840-1893)


Serenata para cuerdas en Do mayor

Al igual que un buen número de compositores, el maestro ruso Piotr Ilich Tchaikovsky mostró sin ambages su admiración por el arte de Wolfgang Amadeus Mozart. Un ejemplo de ello es la Serenata que se interpreta en esta jornada, obra inspirada en el estilo del Genio de Salzburgo y estrenada en un concierto privado el 3 de diciembre de 1880, en el Conservatorio de Moscú. Su primera audición pública se dio el 30 de octubre de 1881, en la ciudad de San Petersburgo, con el ensamble orquestal dirigido por Eduard Nápravnik. Todo indica que el compositor atravesaba por un período de apacibilidad, cuando la relación con Nadezhda von Meck, la acaudalada viuda que le apoyó monetariamente para permitirle dedicarse enteramente a la composición, se mantenía en los mejores términos. Los años previos estuvieron marcados por diversos períodos de agitación emocional. Su temperamento inestable e hipersensible le conducía frecuentemente hacia verdaderas crisis depresivas y dos relaciones sentimentales –con la soprano belga Désirée Artôt y su alumna Antonina Miliukova– derivaron en estrepitosos fracasos.
La aparición de la culta viuda Von Meck, que además admiraba realmente la obra de Tchaikovsky, marcó el inicio de un período por demás fructífero durante el cual generó, además de otras obras importantes, esta conmovedora Serenata para cuerdas.
Por su formación instrumental (que evidentemente incluye solo violines, violas, violonchelos y contrabajos), esta partitura ha sido ubicada como una «obra menor» en el catálogo de Tchaikovsky, lo cual no se ajusta a los alcances de la inspiración y el talento vertidos en la misma. Además de su firme estructura de corte romanticista, la Serenata es la ejemplificación de un talento que no conocía límites y que era capaz de ajustarse a los conceptos más diversos de la creatividad musical.
Los testimonios de los contemporáneos nos indican que desde su estreno, la obra resultó favorecida por el público, que en la misma encontró un sorprendente y amable «Tempo di valse» que, hasta la fecha, se ubica entre lo más popular y conocido de este compositor.

Jorge Vázquez Pacheco.