PROGRAMA VI

Primera Temporada 2019

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 12 de abril, 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA VI

Piotr Ilich Tchaikovsky
«Romeo y Julieta», Obertura-fantasía

Duración aproximada: 20 minutos

Sergei Prokofiev
Concierto No. 1 en Re mayor, para violín y orquesta, Op.19
-Andantino
-Scherzo. Vivacissimo
-Moderato. Allegro moderato

Duración aproximada: 23 minutos

Karen Su, Violín

INTERMEDIO

Ludwig Van Beethoven
Sinfonía No. 5 en Do menor, Op.67
-Allegro con brio
-Andante con moto
-Scherzo. Allegro
-Allegro

Duración aproximada: 30 minutos

Roberto Beltrán Zavala, Director huésped

Roberto Beltrán Zavala

Roberto Beltrán Zavala Director huésped

Considerado unánimemente como uno de los más interesantes directores de su generación, Roberto Beltrán Zavala ha desarrollado una solida reputación internacional como artista del más alto nivel. Sus actividades recientes incluyeron exitosos debuts con orquestas en Holanda, Bélgica, Italia, Alemania, Rumania, Polonia, Malta, México y Francia, dirigiendo obras como «La Canción de la Tierra» y Primera sinfonía de Mahler, la suite «El mandarín milagroso» de Bartók; las sinfonías 4, 5, 7, 8, 9, 10, 11 y 12 de Shostakovich, así como obras capitales del siglo XX.
Ha dirigido, entre otras, a las orquestas Filarmónica de la Ciudad de México, del Siglo Dieciocho, Sinfónica Nacional de México, de Auvergne, Filarmónica de Silesia, Holand Symphonia, de la Radio Nacional de Rumania, Rotterdam Philharmonic Strings, de Cámara de Bélgica, Sinfónica de Xalapa, Sinfónica de San Remo, así como una serie de conciertos de música contemporánea en los Países Bajos con el AKOM Ensamble. En otoño de 2016, BIS Records lanzó en todo el mundo su nuevo CD con un repertorio de Shostakovich, mismo que recibió extraordinario reconocimiento por parte de la crítica especializada, así como excelente acogida del público. Director principal de la emblemática Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) desde 2015, Beltrán Zavala es también director artístico de la Orquesta de Rotterdam, considerada como una de las mejores orquestas de cámara de Europa. También es director titular del AKOM Ensemble, con sede en los Países Bajos. En la Temporada 2017 y con motivo de su 65 aniversario, Beltrán Zavala ha dirigido a la OSUG en los más importantes escenarios europeos, junto con solistas tan relevantes como Shlomo Mintz, Francesca Dego, Brodsky Quartet, etc., obteniendo rotundo éxito.
Nacido en la Ciudad de México (1978) y tras recibir una formación musical temprana de su padre, estudió guitarra, contrabajo y composición en el Centro Nacional de las Artes. Debutó a los 22 años al frente de la Orquesta de Cámara del Centro Nacional de las Artes, para unirse después, bajo la tutela de Jorge Mester, al programa para Jóvenes Directores de la Filarmónica de la Ciudad de México.
A los 26 años se trasladó a los Países Bajos, donde continuó sus estudios de dirección en el Conservatorio de Rotterdam. Allí fue nombrado director asistente de la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional y director principal de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Rotterdam. Beltrán Zavala tiene nacionalidad mexicana y holandesa.

Karen Su

Karen Su Violinista

Karen Su comenzó a tocar el violín a la temprana edad de 4 años. Nacida en el año de 1998, en el seno de una familia de músicos, su padre y su hermana mayor también son ejecutantes de violín. Recibió sus primeras lecciones de su padre, Elmer Su, y poco después comenzó a estudiar con la profesora Vesna Gruppman.
Karen nació y se crió en Los Ángeles, California, donde asistió a una escuela pública hasta los 15 años. Poco más tarde fue aceptada en el Conservatorio de Rotterdam (Codarts Universidad de las Artes), en los Países Bajos, como la estudiante más joven en el programa de licenciatura. Continuó sus estudios con Vesna Gruppman e Igor Gruppman; éste último, Concertino de la Orquesta Filarmónica de Rotterdam.
Se ha presentado como solista de orquestas en todo el mundo, como la Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (México), Sinfónica de Fujian (Fuzhou, China), Sinfónica de Codarts Universidad de las Artes (Rotterdam, Países Bajos) y con muchas orquestas de los Estados Unidos.
Sus actuaciones se han dado en salas prestigiosas e históricas como el Gran Teatro de Fujian (Fuzhou), De Doelen (Rotterdam), Tivoli Vredenburg (Utrecht), Teatro del Bicentenario (León, México ) y el Teatro Juárez de Guanajuato.
Fue una de las más destacadas solistas en el Festival «Valery Gergiev», organizado por la Filarmónica de Rotterdam, en el cual interpretó el Primer Concierto para violín de Prokofiev, precisamente la obra que ofrece esta noche en su debut con la Filarmónica de Boca del Río. Sus compromisos pendientes en esta misma temporada incluyen actuaciones como solista con la Sinfónica de Rijnmond y su regreso con la Sinfónica de Rotterdam.
En 2018, Karen se graduó del programa de Bachiller del Conservatorio de Rotterdam a los 19 años de edad con honores Summa Cum Laude. Actualmente cursa su maestría en la misma institución con los profesores Vesna e Ígor Gruppman.

Notas al programa

Piotr Ilich Tchaikovsky

Piotr Ilich Tchaikovsky
(1840-1893)


«Romeo y Julieta», Obertura-fantasía

Esta partitura, denominada por el propio autor «Obertura-fantasía», fue terminada en el año de 1870 en su primera versión. Diez años más tarde Tchaikovsky la revisó y le dio forma definitiva, al mismo tiempo que creaba su «Obertura 1812».
El motivo de inspiración fue la obra homónima de William Shakespeare, escrita hacia 1595 y que se observa hoy como una magistral creación literaria en que intolerancia y los odios interfamiliares son la nota dominante. Tchaikovsky sumó así su nombre al listado de compositores que obtuvieron motivos de inspiración en Shakespeare. Otras de sus obras apoyadas en el literato inglés fueron «La tempestad» y «Hamlet». Todo indica que la sugerencia en torno de es esta «Obertura-fantasía» partió de Mili Balakirev, integrante del llamado «Grupo de los cinco» y a quien la partitura fue dedicada.
La enorme popularidad de «Romeo y Julieta» se debe no solo a la belleza de sus temas y a su sorprendente orquestación; también apunta hacia la eterna fascinación que sobre el ánimo del público ejerce el drama de dos jóvenes enamorados que intentan vivir ajenos a los enfrentamientos de su posición social, fortuna y estirpe familiar. Por añadidura, todo indica que a los motivos de inspiración citados antes se sumó la decepción amorosa sufrida por el músico ante el menosprecio de la cantante de origen belga Désirée Artôt, lo que parece reflejarse en el famoso «Tema de amor», del que incluso se han realizado arreglos y transcripciones para la música de corte popular.
La pasión incendiaria que se hace presente de forma por demás arrebatada en esta partitura, es compartida por la fantasía orquestal «Francesca da Rimini», del mismo Tchaikovsky, en su alusión al enamoramiento de consecuencias mortales para los protagonistas.
En la obra que nos ocupa, el amargo inicio es indicativo del entorno en que se desarrolla la obra, antes de pasar a la agitada sección central que se ve interrumpida por el Tema de amor, presentado inicialmente por el corno inglés apoyado por la cuerda, para ser retomado por la orquesta completa. Este apasionado fragmento habrá de reiterarse de forma por demás enérgica y conmovedora, antes de la arrasadora conclusión.
Para su obra, el compositor exige una formación instrumental de dos flautas con piccolo, dos oboes con corno inglés, dos clarinetes y dos fagotes, cuatro cornos franceses, dos trompetas, tres trombones con tuba, arpa, percusiones y sección de cuerda. En su versión definitiva, «Romeo y Julieta» fue hecha escuchar por vez primera en marzo de 1886, con la Orquesta de la Sociedad Musical Rusa bajo la dirección de Míkhail Ippolitov-Ivanov.

Sergei Prokofiev

Sergei Prokofiev
(1891-1953)


Concierto No. 1 para violín y orquesta

Una vez que dio a conocer dos obras tormentosas y de tremenda dureza –la «Suite escita» y el Concierto número 2 para piano y orquesta–, Sergei Prokofiev fue observado en Rusia con mucho recelo y se le consideraba como el «enfant terrible» de la música, en una época en que el público aún disfrutaba con fruición el lenguaje musical procedente del nacionalismo ruso.
Escrito entre los años de 1915 y 1917, casi al mismo tiempo que la deliciosa Sinfonía Clásica, el estreno del Concierto 1 para violín fue anunciado en París hasta octubre de 1923 y sobre los años en que el autor vivía expatriado voluntariamente de tu país natal. Desde luego que, tras las experiencias con otro ruso como Stravinsky y su «Consagración de la Primavera», una buena parte del público parisino esperaba otra pieza agreste y tempestuosa. Pero este asunto resultó en otra cosa. Seguramente influenciado por el espíritu de su Sinfonía Clásica, el Concierto 1 muestra los rasgos candorosos y amables que serían característicos del Prokofiev que es reconocido universalmente. Con Marcel Darrieux como solista y la orquesta bajo la batuta de Serge Koussevitzky, se presentó esta creación luminosa, quizá demasiado tradicionalista, pero que abriría paso a la siguiente etapa creativa del compositor, una vez que se repatrió voluntariamente.
Una intensa vena melódica marca el desarrollo los movimientos primero y tercero, con temas que para nada indican aquel lenguaje rudo del Prokofiev sarcástico. Estos fragmentos inician con notables intervenciones asignadas al solista y culminan prácticamente con la misma conclusión. El Scherzo central genera el contraste, con su tono caprichoso y un tanto agresivo.
Una vez de regreso a su tierra (ya Unión Soviética), el compositor atravesó por un periodo de reajuste estético en que trataba de cumplir las exigencias de los burócratas comunistas, que reclamaban una música apropiada para las grandes masas de oyentes. El asunto era por demás delicado, ya que intentaba generar arte musical acorde con su pensamiento estético y sin traicionar su vena creativa, lo que no tardó en convertirlo en otro de los blancos predilectos, junto con Shostakovich, para los pontífices del «realismo socialista», una pandilla de artistas mediocres quienes, incrustados en la política oficial, se erigieron en jueces de la creatividad que ellos mismos, frustrados e incompetentes, no fueron capaces de concretar.

Ludwig Van Beethoven

Ludwig Van Beethoven
(1770-1827)


Sinfonía No. 5 en Do menor

Obra de increíble fuerza y arrollador empuje, las principales virtudes de esta obra de Beethoven son su concisión y la portentosa unidad de ideas. En torno de los golpes iniciales se han redactado infinidad de documentos y desde el principio esto motivó los más diversos comentarios, además de la discutida leyenda de que Beethoven suponía que «de esta forma el destino toca a la puerta». Para Héctor Berlioz, aquello era el reflejo de «lo más íntimo del pensamiento de Beethoven; sus dolores secretos, su ira reprimida, sus sueños llenos de triste abatimiento y todos sus sentimientos...»
Es obvio que los efectos de la sordera, las luchas internas y las pasiones humanas fueron decisivas en esta creación, pero también es inconcebible que las ansias personales puedan leerse e interpretarse en la sinfonía como si se tratase de una suerte de expediente clínico. La Quinta es, ante todo, música en su concepto básico como juego de sonoridades y silencios, como relación de ideas.
Una de las opiniones más acertadas en torno de esta partitura fue la redactada por Ernst Theodor Hoffmann, publicada poco después de la primera audición de la Sinfonía, en la que además de los aspectos pretendidamente emotivos y sentimentales, observó un importante detalle técnico: «Ha conservado la continuidad usual de los movimientos de la sinfonía, pero están encadenados increíblemente y, en conjunto, suenan como una genial rapsodia.»
El tema del principio se convierte en un formidable núcleo generador aparentemente sencillo, del que Beethoven se vale para edificar un edificio sonoro de arquitectura formidable, con un primer movimiento apoyado exclusivamente en la repetición incesante de esta serie. Algo totalmente inesperado y distinto a lo conocido anteriormente, nunca antes intentado por otro compositor.
Aquel «encadenamiento» a que se refería Hoffmann, cobra caracteres sorprendentes en la transición desde el tercer al cuarto movimiento. El tercero es un Scherzo que recoge enérgicamente el «tema del destino» en los cornos, después de una interrogante enunciada por cuerdas y maderas. En la reexposición volvemos a encontrar este tema, ahora casi murmurado, antes de una cadencia que da paso al cuarto y último fragmento sin espacio de por medio.
Este Allegro final abre con un enunciado pleno en majestad, un verdadero canto de triunfo al que sigue la respuesta asignada a los cornos. Elementos secundarios y otras cortas frases melódicas nutrirán el desarrollo y la conclusión, en los que la energía largamente contenida será desencadenada como la afirmación plena del poderío creador que generó esta partitura histórica, estrenada el 22 de diciembre de 1808, en Viena, con la orquesta bajo la dirección del autor.

Jorge Vázquez Pacheco.