PROGRAMA II

Primera Temporada 2019

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 8 de febrero, 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA II

Ludwig Van Beethoven
Marcha turca de «Las ruinas de Atenas», Op. 113

Duración aproximada: 2 minutos

Ludwig Van Beethoven
Sinfonía No. 1 en Do mayor, Op. 21
-Adagio molto. Allegro con brio
-Andante cantabile con moto
-Menuetto-Allegro molto e vivace
-Finale: Adagio-Allegro molto e vivace

Duración aproximada: 27 minutos

Erika Dobosiewicz, Violín

INTERMEDIO

Johannes Brahms
Concierto en Re mayor para violín y orquesta, Op.77
-Allegro non troppo
-Adagio
-Allegro giocoso - ma non troppo vivace - Poco più presto

Duración aproximada: 42 minutos

Jorge Mester, Director Arttístico

Jorge Mester

Jorge Mester Director artístico de la Orquesta Filarmónica de Boca del Río

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980. Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha impuesto su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

Erika Dobosiewicz

Erika Dobosiewicz Violinista

Originaria de Varsovia, Polonia, se graduó con mención honorífica del Conservatorio Federico Chopin, en Varsovia, y es posgraduada del Conservatorio Real de Música, en Gante, Bélgica. Era una niña cuando ganó el Concurso Estatal «Ruth Railton» de Varsovia.
En el campo de la música de cámara obtuvo los más altos premios en concursos y festivales internacionales, como de Schleswig-Holstein y Bayreuth, en Alemania; el Concurso Internacional de Música de Cámara en Lodz, Polonia, y el Festival «Maurice Ravel» en Saint Jean de Luz, Francia, entre otros.
Participó en el Concurso «Tadeusz Wronski» de Varsovia (1990); las ediciones X y XI del Concurso Internacional «Henryk Szeryng» en Toluca, México (1992), en los que fue galardonada con los más altos honores.
Como solista y con grupos de cámara se ha presentado en Europa, Japón, América del Sur y Canadá. Ha desarrollado una gran actividad como solista con las principales orquestas de su país natal, además de la Sinfónica de Radio Berlín y Sinfónica de Oshawa-Durham, en Canadá. Con el Cuarteto de Cuerdas Gemmeus, del que es Primer violín, se ha presentado en los principales festivales internacionales de la República Mexicana. También participó en el Festival Internacional «Johann Sebastian Bach» en Trujillo, Perú, donde presentó la obra para violín solo de Bach, y fue solista con las orquestas Filarmónica de Trujillo y Sinfónica Nacional del Perú.
En México se ha presentado en los escenarios más importantes con la Filarmónica de la Ciudad de México, Sinfónica Nacional, Sinfónica Carlos Chávez, de Cámara de Bellas Artes, de Cámara de Morelia, Sinfónica de Chihuahua, Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, Sinfónica de Xalapa, Filarmónica de Querétaro, Filarmónica de Nuevo León, Sinfónica de Michoacán, del Festival Mozart-Haydn y «Capella Puebla», bajo la batuta de destacados directores como Jorge Mester, Carlos Miguel Prieto, Herrera de la Fuente, Enrique Bátiz, Grzegorz Nowak, José Luis Castillo, José Guadalupe Flores, Jesús Medina, Kazem Abdullah, Howard Shelley, Horacio Franco, Thomas Sanderling, James Paul y Yehudi Menuhin, entre otros.
Entre 2007 y 2010 fue Concertino de la Sinfónica Nacional de México. Su discografía incluye un álbum que contiene las tres sonatas para violín y piano de Johannes Brahms con Edward Wolanin; el Concierto «Per la solennità di San Lorenzo» de Vivaldi bajo la batuta de Horacio Franco; la obra completa de Franz Schubert para violín y piano con el pianista Alexandr Pashkov y el Concierto para violín de Ponce con la Filarmónica de Querétaro bajo la dirección de José Guadalupe Flores.

Notas al programa

Ludwig Van Beethoven

Ludwig Van Beethoven
(1770-1827)


Marcha turca de «Las ruinas de Atenas», Op. 113

Sabedor del talentoso y controvertido espíritu propio de Friedrich Ferdinand von Kotzebue (1761-1819), Beethoven le buscó en 1810 para proponerle la redacción de un libreto operístico, pero el encuentro derivó en la música incidental para dos obras de Kotzebue: «Las ruinas de Atenas» y «El rey Esteban». Hacia finales de 1811 el compositor entregó su partitura para el drama escénico «Las ruinas de Atenas», que habría de estrenarse en febrero del año siguiente en la ciudad de Pest con motivo de la apertura de un nuevo teatro.
Marcada con el número de opus 113, la música incidental consta de una Obertura y diez piezas entre las que la Marcha turca ocupa el cuarto sitio. El tema para este simpático fragmento ya había sido empleado por Beethoven en sus Variaciones Op. 76, escritas para piano solo en 1809. La Marcha turca muestra un esquema dinámico marcial que sugiere una procesión. Inicia con un pianissimo que paulatinamente expande su volumen y regresa finalmente hacia el moderado inicio. Ciertamente, no refleja la poderosa forja de sus demás obras y el mismo Beethoven nunca le concedió mucha importancia. Pero la pieza fue capaz de llamar la atención de compositores como Franz Liszt, quien la retomó para su «Capricho a la turca sobre motivos de Beethoven». Richard Strauss, Anton Rubinstein y Sergei Rachmaninov también emplearon la piececita para trabajarla a su manera. ¿Quién fue Kotzebue? Fue un literato y dramaturgo alemán nacido en Weimar y asesinado por un militante de la asociación estudiantil denominada Burschenschaften, grupo de ideales nacionalistas que con frecuencia inclinaba sus tendencias hacia el extremismo.
Las primeras obras de Kotzebue fueron muy bien recibidas, pero en 1790 se le vinculó con una destructiva sátira que despotricó contra algunos de los más apreciados literatos alemanes –Goethe y Schiller, entre otros–, y aunque siempre negó la autoría del texto, el escándalo fue inevitable. Decidió entonces retirarse hacia San Petersburgo, Rusia, para dar inicio a otra fructífera etapa que le permitió publicar decenas de obras que incluso fueron traducidas a diversos idiomas. En 1801 regresó a Alemania y publicó el ensayo «¿Por qué tengo tantos enemigos?», en que culpó de su mala fama a los celosos y se pronunció contra el antisemitismo de los estudiantes nacionalistas. Esto último selló su sentencia.
En tiempos recientes, la Marcha turca fue llevada a los sonidos electrónicos por el francés Jean-Jacques Perrey (1929-2016) en un álbum publicado en 1970, del cual se plagió el tema «The Elephant Never Forgets» para una popular serie cómica de la televisión mexicana.


Sinfonía No. 1 en Do mayor

Esta obra marca el inicio del periplo creador del Genio de Bonn sobre la forma derivada del estilo galante superado hacia finales del siglo XVII, cuya madurez se dio en proceso evolutivo extendido hasta mediados de la centuria siguiente. Los compositores de la llamada “Primera escuela de Viena” (Mozart, Haydn y Beethoven) dieron los pasos necesarios para para elevar a la Sinfonía hacia horizontes jamás vislumbrados y fue a Beethoven a quien correspondió establecerla como uno de los más sólidos cimientos para el Romanticismo decimonónico.
En su Primera sinfonía, Beethoven aporta la prefiguración de los elementos que habrían de ser característicos en sus creaciones venideras: momentos contrastantes que pasan de la sombría introspección al tenso y patético apasionamiento. De hecho, el movimiento lento se establece como el ejercicio previo al abordaje de los que habrá de mostrar en las Sinfonías 3 (“Heroica”) y 7, a lo que se sumará el Scherzo ligero y vivaz, en un pasaje innovador que en adelante ocuparía el lugar del Menuetto que marcaba la tradición clasicista. Beethoven ingresaba con mano firme y paso seguro hacia renglones para él novedosos. No tenemos a la mano los datos que nos indiquen cuándo inició su trabajo sobre esta obra, aunque se supone que la terminó en 1795, ya que los últimos apuntes en la partitura así lo indican. La instrumentación incluye maderas “a dos” –flautas, oboes, clarinetes y fagotes– con dos cornos, dos trompetas, timbales y cuerdas. Fue estrenada el 2 de abril de 1800 en el Burgtheater de Viena, cuando el compositor contaba con 30 años de edad y comenzaba la tortura de la sordera que se manifestaba a cada día con más intensidad. Al año siguiente se atrevió a confiar a algunos amigos el mal que le aquejaba.
Desde el inicio mismo de la Sinfonía 1, el público detectó que se enfrentaba a una creación novedosa: un inicio distanciado de la tonalidad central (procedimiento que, sin embargo, había sido trabajado ya por compositores como Haydn), la ausencia del Menuetto, abundantes modulaciones y dinámica por momentos demasiado briosa para el gusto de los vieneses. Se antoja natural que una creación como la que nos ocupa haya sido recibida con escaso entusiasmo y frialdad, con críticas que le calificaban como “una imitación de Haydn llevada al absurdo”. Habría de hacerse necesario el paso del tiempo y repetidas audiciones para ser apreciada como lo que representa: el lúcido y poderoso punto de partida para las ocho compañeras de catálogo que Beethoven habría de producir más tarde.

Johannes Brahms

Johannes Brahms
(1833-1897)


Concierto para violín y orquesta

Reiteradamente se ha llamado la atención al hecho de que los más sobresalientes conciertos para violín y orquesta procedentes del romanticismo decimonónico hayan sido escritos por músicos que, además de escribir sólo una obra de esta naturaleza, no se distinguieron fueron por ser virtuosos del instrumento. Tales fueron los casos de Beethoven, Tchaikovsky y Brahms.
El Concierto para violín y orquesta de Brahms data de 1878, la época en que este compositor alemán –nacido en Hamburgo– trabajaba sobre su portentoso Concierto número 2 para piano y apenas había puesto punto final a la partitura de su Segunda sinfonía. Ésta última obra y el Concierto que nos ocupa guardan en común la extraordinaria frescura inspiradora y fluidez de ideas que proporcionaron a Brahms la tranquilidad de los bosques en Pörtschach, sobre los Alpes austríacos.
Desde tiempo atrás, el músico tuvo en mente la idea de concretar una partitura para dedicarla a Joseph Joachim (1831-1907), el excelente violinista de origen húngaro con quien cultivó una curiosa y hasta accidentada amistad. Brahms comenzó a trabajar sobre su Concierto durante el verano de 1878 en Pörtschach, y sabe que pensaba dotarle de una estructura en cuatro movimientos. Al final, suprimió los dos movimientos centrales y los sustituyó por el Adagio que conocemos ahora. Aun así, tampoco quedó totalmente satisfecho con el resultado, pero la ayuda y persuasión de Joachim lograron que diera por terminado el Concierto y éste fue estrenado en enero de 1879 con la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, Joachim como solista y dirección del compositor. Los datos que de esa jornada llegan a nosotros nos dicen que la reacción del público fue bastante fría, incluso con comentarios tan destructivos como el procedente del temible crítico vienés Hans von Bülow, quien redactó lo siguiente: «Bruch ha escrito un concierto para el violín; Brahms escribió otro contra el violín.»
Pero Joachim estaba convencido de que tenía entre manos una pieza magistral y no se desanimó ante las críticas. Se empeñó en difundir la obra hasta hacerla entrar en el gusto del público, al tiempo que muchos colegas compartieron su entusiasmo y pronto incorporaron el Concierto a su repertorio.
Muchos analistas consideran que Brahms pudo lograr una obra de mayores despliegues virtuosos para el solista, ya que su papel es desventajoso ante los ambiciosos trazos orquestales. Pero eso no arroja duda en el sentido de que se trata de una las creaciones mejor logradas de Brahms.

Jorge Vázquez Pacheco.