PROGRAMA X

Primera Temporada 2019

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 21 de juniuo, 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA X

Erik Satie
Gymnopédia No. 1 (orquestación de Debussy)

Duración aproximada: 6 minutos

Ernest Bloch
“Schelomo”, rapsodia hebraica para violonchelo y orquesta

Duración aproximada: 20 minutos

INTERMEDIO

Ottorino Respighi
“Las Fuentes de Roma”
-La fontana di Valle Giulia all’Alba (Andante mosso)
-La fontana del Tritone al mattino (Vivo, Un poco meno allegretto, Più vivo gaiamente)
-La fontana di Trevi al pomeriggio (Allegro moderato, Allegro vivace, Più vivace, Largamente, Calmo)
-La fontana di Villa Medici al tramonto (Andante, Meno mosso, Andante come prima)

Duración aproximada: 25 minutos

Maurice Ravel
Bolero

Duración aproximada: 15 minutos

Julian Schwarz / Violoncello

Jorge Mester, Director Arttístico

Jorge Mester

Jorge Mester Director artístico de la Orquesta Filarmónica de Boca del Río

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
   En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
   Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
   En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
   Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha impuesto su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

Julian Schwarz

Julian Schwarz Violonchelista

Nacido en 1991 en una familia de músicos por generaciones, desde temprana edad mostró que sería uno de los más grandes violonchelistas del siglo XXI, gracias a su virtuosismo de poderoso sonido y extraordinaria paleta colorística. Luego de su debut como solista a la edad de 11 años con la Seattle Symphony y su padre Gerard Schwarz en el podio, debutó con la Sinfónica de Radio de Moscú en una gira por Estados Unidos.
Durante la Temporada 2018-19 se presentó con importantes orquestas de Florida, Ohio y Texas, entre otras. También actuó en los festivales internacionales Intimacy of Creativity de Hong Kong, Mozarteum de Salzburg Mozarteum y Verbier de Suiza. La presentación de esta noche marca su regreso con la Filarmónica de Boca del Río, como frecuente colaborador de Jorge Mester.
Como recitalista se ha presentado en el Festival Casals de Puerto Rico, Rosenegg Castle de Steyr (Austria), National Arts Club, University Club, Musical Club de Hartford, Boulder Bach y Concerts of the Desert en Palm Springs. En marzo de 2017 inició una extensa gira con diez recitales por China a dúo con Marika Bournaki. Comprometido con la música de cámara, es miembro del Frisson Ensemble de Nueva York, New York Classical Players y se integra al Mile-End Trio con el violinista Jeff Multer y Marika Bournaki al piano. Frecuentemente se presenta con los violinistas Mark Peskanov y Frank Almond, así como con los Palladium Chamber Players de San Petersburgo, Florida.
Ferviente ha estrenado conciertos de Richard Danielpour, Samuel Jones, Lowell Liebermann y Dobrineka Tabakova. A dúo con Bournaki ha grabado la obra completa para violonchelo y piano de Ernest Bloch, para el Archivo Milken de Música Judío-americana, y lanzará un álbum de recitales en 2019.
Funge como profesor para el Conservatorio de la Universidad de Shenandoah (Winchester, VA); ha sido Artista en Residencia para la Academia de Lunenburg (Nueva Escocia, Canadá), asistente de Joel Krosnick en la Juilliard School y en el Eastern Music Festival de Greensboro.
Nacido en la ciudad de Seattle, Schwarz estudió en la Academia de Música Northwest y en la Lakeside School, para continuar en Colburn School de Los Ángeles con Ronald Leonard. Más tarde ingresó a la Juilliard School para estudiar bajo la guía de Joel Krosnick y recibió las enseñanzas de maestros tan importantes como David Tonkonogui, Toby Saks, Lynn Harrell y Neal Cary. En 2013 fue ganador en el Concurso Internacional de Schoenfeld, Hong Kong, y en 2016 en el Concurso Internacional de Música de Cámara Boulder “The Art of Duo” con la pianista Marika Bournaki. Interpreta en un instrumento histórico hecho por Gennaro Gagliano en 1743.

Notas al programa

Erik Satie

Erik Satie
(1866-1925)


Gymnopédia No 1

Aunque el término “gimnopedia” (o Gymnopédie en francés) es un término que describe unas festividades religiosas propias de la Grecia antigua, concretamente de Esparta, no se empleaba con frecuencia en el siglo XIX y en Francia fue percibida por muchos como un neologismo, una palabra acuñada recientemente. Los analistas coinciden en que Erik Satie pudo haber elegido este vocablo para designar sus tres Gymnopédies en alusión a aquella danza practicada por jóvenes bailarines desnudos que apuntaba a las nociones de ascetismo y austeridad relacionados con la civilización espartana.
El compositor emprendió la escritura de sus Gymnopédies hacia mediados de 1888 y las terminó antes de finalizar ese mismo año, originalmente para piano solo. Al editarse la primera de ellas, la partitura fue acompañada por un poema de JP Contamine de Latour (1867-1926), mismo que se supone fue la fuente de inspiración, aunque algunos señalan que también pudo haber sido la lectura de la novela histórica “Salammbó” de Gustave Flaubert (1821-1880). El poema de Contamine reza en su traducción a nuestro idioma:
Oblicua y cortada la sombra de un torrente brillante
Fluía en ondas de oro sobre la losa pulida
Donde los átomos de chispeante fuego ámbar
Mezclaban su sarabanda a la gimnopedia.

Hacia 1896 la situación financiera de Satie era muy precaria, de modo que su amigo Claude Debussy decidió ayudarle para tratar de atraer la atención del público. Con ese propósito orquestó dos de las tres Gymnopédies, luego de considerar Debussy que la segunda no se prestaba a la transcripción. Además invirtió la numeración, de modo que la Primera en versión original para piano pasó a ser la Tercera, y ésta se numeró como la 1. La primera audición de las dos versiones orquestales de Debussy se dio el 20 de febrero de 1897, en un concierto de la Société Nationale de Musique y con dirección del maestro suizo Gustave Doret.
Erik Satie (Alfred Eric Leslie Satie, su nombre completo) fue una personalidad destacada en el contexto de la música europea hacia finales del siglo XIX e inicios del siguiente. Se le considera precursor de las formas minimalistas y uno de los primeros en trabajar el impresionismo. Su formación inicial como músico fue autodidacta, aunque contaba con casi cuarenta años cuando se decidió por la instrucción formal. Algunas de sus creaciones contienen nombres del todo singulares, como “Españaña” (en mordaz alusión a la rapsodia “España” de Chabrier) o las “Tres piezas en forma de pera”, representativos de su especial sentido del humor.

Ernest Bloch

Ernest Bloch
(1880-1959)


“Schelomo”, para violonchelo y orquesta

Compositor judío-suizo, Bloch nació en la ciudad de Ginebra y su afición a la música se definió desde pequeño. Después de hacerse alumno del célebre violinista y compositor belga Eugène Ysaÿe, estudió en Frankfurt y París, antes de emigrar hacia Estados Unidos en 1916.
Hacia la primera parte de su trayectoria se le ubicaba entre los cultivadores del modernismo, aunque esa etiqueta le tuvo sin cuidado. Más adelante prefirió ubicar su creatividad en un contexto conservador y, por añadidura, sobre temas relacionados con el Antiguo Testamento de la Biblia. Fue así que desde 1911 sus creaciones inspiradas en las Escrituras Hebreo-arameas se dieron una tras otra: los “Tres poemas judíos”, “Preludio y dos Salmos”, la “Sinfonía Israel” y “Schelomo”.
El título de ésta última obra se traduce como “Salomón” y se inspiró en el libro de Eclesiastés, atribuido al gobernante hijo del rey David. Escrita entre 1915 y 1916, fue ideada inicialmente para barítono y orquesta, pero Bloch cambió de opinión una vez que escuchó al violonchelista de origen ruso Alexandre Barjansky, a quien decidió dedicar su partitura, aunque el responsable del estreno fue Hans Kindler, quien la interpretó por vez primera en Nueva York, en mayo de 1917. Fue ésta la última partitura de Bloch escrita en Europa antes de partir hacia Norteamérica. En la misma asignó la voz de Salomón al instrumento solista, mientras que para la orquesta reservó una suerte de descripción de los ideales del rey y de su fastuoso entorno. La obra está dividida en tres secciones, que se interpretan sin interrupción.
Desde aquella primera audición, “Schelomo” causó una grata impresión a público y críticos, al tiempo que se estableció como la obra más difundida de este autor. Un amplio lirismo que remarca la capacidad declamatoria del instrumento solista, así como su sorprendente claroscuro orquestal, son la hábil recreación de la elocuencia propia del mandatario israelí y la representación de su gloria.
Finalmente citaremos que Bloch se convirtió, a partir de su arribo a Estados Unidos, en importante académico con destacada trayectoria en la Mannes School, en el Instituto de Música de Cleveland y en el Conservatorio de San Francisco. Hacia inicios de la década de 1930 decidió radicarse en Suiza, aunque regresó a Norteamérica en el año 1939. Falleció en Portland, Oregon.

Ottorino Respighi

Ottorino Respighi
(1879-1936)


“Las Fuentes de Roma”

Nacido en Bolonia y con estudios en el Liceo Musicales de su ciudad natal entre 1891 y 1901, los encuentros en Rusia con Nikolai Rimski-Korsakov –en 1901 y 1903– marcaron de manera crucial el estilo de Ottorino Respighi. Lo anterior explica por qué se le considera uno de los mejores orquestadores italianos del siglo XX.
Las impresiones visuales aportaron a su talento un impulso que resultó irresistible para su sensibilidad, aunado al cariño que sentía por la ciudad de Roma. Por lo mismo, la obra de Respighi tiende a ser de carácter intensamente sensorial y gracias a ello fue que logró concretar las piezas en que se apoya su intensa celebridad: el tríptico dedicado a la ciudad de Roma.
Esta trilogía se compone de los poemas sinfónicos “Fuentes de Roma” (1916), “Los pinos de Roma” (1924) y “Fiestas romanas” (1929). Dotadas de impetuosa inventiva y sorprendentes efectos orquestales, se ubican entre lo más destacado de la producción musical italiana durante la primera mitad del siglo pasado.
“Las fuentes de Roma”, primera parte del tríptico, contiene mucho de la inclinación de Respighi hacia el arte antiguo. En el caso de la Fuente de Trevi aludida en el tercer fragmento, el asunto es más que justificable: se trata de una sorprendente construcción sobre un diseño de Nicola Salvi, misma que vincula la arquitectura palaciega con figuras esculpidas por Pietro Bracci y otros artistas antiguos.
La partitura que nos ocupa describe cuatro fuentes a distintas horas del día: la de Valle Giulia al alba, la Tritone por la mañana, Trevi al mediodía y Villa Medici al atardecer. “Las fuentes de Roma” se estrenó el 11 de marzo de 1917 en el Teatro de Roma y fue recibida con escaso entusiasmo por público y crítica. Con el paso del tiempo y la intervención de promotores como el director Arturo Toscanini, esta creación alcanzó el merecido aprecio hasta enclavarse firmemente en el gusto del público.

Maurice Ravel

Maurice Ravel
(1875-1937)


Bolero

Una invitación procedente de Ida Rubinstein hacia el compositor francés Maurice Ravel fue el origen del célebre Bolero, seguramente una de las piezas sinfónicas más firmemente enclavadas en el gusto del público. Prácticamente no existe una fonoteca casera aceptablemente dotada, que no contenga por lo menos un registro fonográfico de esta obra. Para los contemporáneos del compositor, era bien conocida su afición por los temas españoles, de modo que Rubinstein supo exactamente a quien recurría para un proyecto coreográfico que planteaba originalmente el uso de algunas piezas de Isaac Albéniz, arregladas para musicalizar una historia de gitanos. Pero una serie de problemas con los herederos del maestro español hicieron desistir a coreógrafa y compositor, y Ravel se entregó a la tarea de trabajar sobre algo ideado precisamente para resolver la solicitud. El resultado fue una partitura de estructura insólita y del todo original.
Pocas obras de la literatura sinfónica poseen contornos sonoros tan especiales. Valiéndose de la repetición de una misma frase rítmica y de una melodía de obsesionante sencillez, Ravel logro un crescendo apoteósico que se desenvuelve gracias al magistral uso de los recursos orquestales y el progresivo aumento de intensidad.
Ante estos sorprendentes conceptos, no resulta extraño que todos -incluso el autor mismo- esperasen un rotundo fracaso la noche del estreno. El ballet se estrenó en noviembre de 1928, en el Teatro de la Ópera de París, y esto significó su primer gran éxito. El propio Ravel la estrenó como pieza de concierto algunos meses más tarde, con una aceptación totalmente absoluta e inesperada.
Ravel siempre insistió en que el “tempo” por ningún motivo debía ser modificado. Al parecer, pretendía una suerte de efecto hipnótico mediante las reiteraciones sonoras propias de un primitivismo estilizado. La anécdota más difundida relacionada con esta partitura y la dinámica en que debe interpretarse, tiene como protagonista al célebre director italiano Arturo Toscanini. Se dice que llevó el Bolero a Nueva York y luego incluyó la pieza en el repertorio de una gira con su orquesta de la NBC. Cuando aceleró demasiado en la ejecución de la pieza, su argumento fue que de otra forma la pieza “no sería soportable para el público”. La respuesta de Ravel fue terminante: “¡Lo que pretendo es precisamente que resulte insoportable!”