PROGRAMA I

Primera Temporada 2019

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 25 de enero, 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA I

Arturo Márquez
Conga del Fuego Nuevo

Duración aproximada: 6 minutos

Alberto Ginastera
Concierto para arpa y orquesta, Op. 25
-Allegro giusto
-Molto moderato
-Liberamente capriccioso; Vivace

Duración aproximada: 24 minutos

Betuel Ramírez Velasco, Arpa

INTERMEDIO

Franz Schubert
Sinfonía No. 9 en Do mayor, D. 944, «La Grande»
-Andante; Allegro ma non troppo
-Andante con moto
-Scherzo: Allegro vivace
-Finale: Allegro vivace

Duración aproximada: 60 minutos

Jorge Mester, Director Arttístico

Jorge Mester

Jorge Mester Director artístico de la Orquesta Filarmónica de Boca del Río

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980. Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha impuesto su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

Betuel Ramírez Velasco

Betuel Ramírez Velasco Arpista

La constante búsqueda de sí misma le ha llevado a habitar nuevos lugares, su principio que siempre suena como un eco en ella. Sus ubicaciones académicas le han conducido desde la maestría en el Conservatorio de Ámsterdam, como alumna de las maestras Erika Waanderburg y Sandrine Chatron, a ser miembro de Orquesta Filarmónica de los Países Bajos, con la que se presentó en recintos como el Real Concertgebouw y Opera National and Ballet de los Países Bajos. Su paso por la Facultad de Música de la UNAM, donde estudió con el maestro Baltazar Juárez, le hizo adjudicarse una bien merecida Mención Honorífica.
La trayectoria de Betuel Ramírez Velasco le ha llevado a obtener notables reconocimientos, como la distinción de «Grand Talent» por el Conservatorio de Ámsterdam, y concursos en que registró destacada participación: Segundo lugar en el International Harp Competition en Sandstedt, Alemania; ganadora del Concurso de Jóvenes Solistas de la UNAM y primer lugar en el Concurso de Arpa en México. Viajera frecuente, ha llevado su arte interpretativo hacia muchos centros musicales importantes ubicados en Brasil, Argentina, Estados Unidos, Hungría, Alemania, Italia y Francia. En todos y cada uno ha dejado incuestionable testimonio de sus habilidades y experiencia. En su país natal ha sido solista con las principales agrupaciones, como la Orquesta Sinfónica Nacional de México, Orquesta de Cámara de Bellas Artes, Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, Orquesta Sinfónica de Minería, Orquesta Sinfónica de Xalapa, Orquesta Filarmónica de Jalisco y Orquesta Filarmónica de Boca del Río.
Todo lo anterior es el eco sonoro de una trayectoria que parte desde los inicios de su carrera como arpista, iniciada bajo la enseñanza e impulso de la profesora norteamericana Britta Shafer en la ciudad de Xalapa. La capital de Veracruz no solo es el territorio donde nació; es el ámbito y el contexto que le prodigaron toda la inquietud y la guía para convertirse en una veracruzana del mundo.

Notas al programa

Arturo Márquez

Arturo Márquez
(1950)


Conga del Fuego Nuevo

Es ésta una partitura breve y de carácter festivo que desde su primera audición se estableció como una de las más conocidas y populares de Márquez. Escrita en las postrimerías del siglo pasado (1999) y con la intención de celebrar el advenimiento de la nueva centuria, el autor tomó como fuente de inspiración la ceremonia que se hoy reconocemos como uno de los rituales más importantes entre los pueblos prehispánicos de Mesoamérica.
Diversas evidencias arqueológicas nos indican que el origen de la ceremonia del Fuego Nuevo se remonta al siglo II, antes de la Era Común, y se supone que se celebraba al cerrarse el importante ciclo de 52 años establecido por el movimiento de los astros (el ascenso de las Pléyades), aunque también hay evidencias de que se efectuaba también en los rituales de cierre a cada ciclo anual. Hoy se da aún en diversas comunidades campesinas e indígenas mexicanas y las ofrendas son parecidas a las de la antigüedad, aunque su celebración ya no guarda relación con la astronomía sino con el sincretismo religioso. Para su obra, Márquez recurrió a una danza de origen afrocaribeño, la conga, de acompañamiento básicamente percutivo y sincopada rítmica.
Fuertemente atraído por las manifestaciones artísticas de origen popular, Márquez hizo a un lado la tendencia vanguardista de sus primeros trabajos para proceder al cultivo de la música cuyas raíces se ubican en el folklore, particularmente el veracruzano. Fue así que decidió crear su serie de Danzones, motivado por sus frecuentes viajes a Veracruz y por la fascinante cadencia de esta danza.
Nacido en Álamos, Sonora, contaba con 11 años cuando su familia se trasladó a la ciudad californiana de Los Ángeles, donde se familiarizó con la interpretación en el violín, la trompeta y el trombón. Al regresar a Sonora, le fue asignada la dirección de la Banda Municipal de Navojoa y más adelante se trasladó a la Ciudad de México, en 1976 ingresó al Taller de Composición y estudió con Joaquín Gutiérrez Heras, Héctor Quintanar, Federico Ibarra y Raúl Pavón, antes de marchar a París para hacerse alumno de Jacques Castéréde. Obtuvo la Beca Fulbright para asistir al Instituto de Artes de California y perfeccionarse bajo la guía de Morton Subotnick, Mel Powell, Lucky Mosko y James Newton.
Hacia mediados de la década de 1990 su listado creativo se incrementó de forma importante con partituras concertantes y para diversos ensambles, muchas de las cuales apuntan hacia la danza, el indigenismo y acontecimientos históricos de trascendencia nacional.

Alberto Ginastera

Alberto Ginastera
(1916-1983)


Concierto para arpa y orquesta, Op. 25

El Concierto para arpa y orquesta de Alberto Ginastera fue escrito en 1956 y estrenado en 1965 por el español Nicanor Zabaleta con la Philadelphia Orchestra bajo la dirección de Eugene Ormandy. Estructurada en tres movimientos, esta obra fue creada en el período de transición artística, cuando Ginastera decidió abandonar el tratamiento directo sobre la línea folklórica para pasar a la consolidación de un estilo en que trabajaría sobre su vocación popular pero mediante un lenguaje más modernista y mayormente complejo.
Por lo mismo, los movimientos primero y tercero del Concierto para arpa muestran como fuente de inspiración el malambo, la danza propia de la pampa argentina que se presenta hacia el inicio mediante procedimientos percutivos. Aquí, Ginastera recorre todas las posibilidades sonoras y recursos del arpa, que van desde el delicado lirismo hasta el enérgico golpeteo sobre la caja de resonancia. Este Allegro giusto inicial es sensiblemente rítmico y por momentos misterioso, mientras que el Moderato del segundo movimiento presenta una atmósfera meditativa acentuada por el empleo de la celesta. El instrumento solista abordará una prolongada cadencia que abre paso al Liberamente capriccioso del fragmento final, pleno en dramatismo y presión rítmica que, por otra parte, no suena demasiado distante del poderoso empuje del malambo destinado como fragmento final para el ballet «Estancia».
Nacido en la ciudad de Buenos Aires, Alberto Ginastera es considerado uno de los más importantes compositores de Argentina y de Latinoamérica. Inició sus estudios musicales en su ciudad natal y se definió como un autor destacado desde la primera audición de su música para el ballet «Panambí», dado a conocer en Buenos Aires en el año 1937.
Su desacuerdo político con Juan Domingo Perón le condujo al autoexilio, de modo que entre 1945 y 1948 vivió en Estados Unidos, donde estudió con Aaron Copland. De regreso a su país, depositó enorme atención a la organización de la enseñanza musical en Argentina y, desde luego, a su trabajo como compositor. Fueron sus alumnos los célebres Mauricio Kagel, Mario Davidovsky y Ástor Piazzola, entre otros. Como es el caso de muchos autores latinoamericanos, la carrera de Ginastera inició con un estilo de orientación nacionalista, para después expandirse más allá de los límites primeros y abordar procedimientos propios de la microtonalidad y las técnicas de la música aleatoria y serial. Su listado comprende óperas, ballets, piezas orquestales, obras corales, conciertos para solistas, sonatas y música para la cinematografía.

Franz Schubert

Franz Schubert
(1797-1828)


Sinfonía No.9, «La Grande»

Conocida como «La Grande» –entre otras cosas, para diferenciarla de la Sexta, escrita también en la misma tonalidad–, la Sinfonía 9 se ubica en la cumbre de la expresión creativa procedente del romanticismo decimonónico. Aquí encontramos la afirmación plena de Schubert como creador sinfónico, después de los intentos en años anteriores con obras que no le dejaron del todo satisfecho, entre ellas la Octava, conocida como «Inconclusa» y que es, paradójicamente, la más conocida y popular de este compositor.
Se sabe que la Novena fue escrita en 1828, el año de su muerte (falleció antes de cumplir los 32 años de edad), aunque existen algunas variantes en torno de esta apreciación, dado que se supone que está relacionada con un ofrecimiento que Schubert hizo en 1826 a la Sociedad de Amigos de la Música, en Viena. «La Grande» ejemplifica, como ninguna otra, la perfecta fusión de los elementos procedentes del Clasicismo, influencia hacia la que contempló en repetidas ocasiones a lo largo de su periplo creador. Pero también es en «La Grande» donde culmina toda relación con la herencia clasicista y el respeto a las formas pretéritas, de modo que se erige como el muestrario de una verdadera ausencia de convencionalismos. La composición se edifica fundamentalmente sobre el aspecto rítmico, lo que le convierte en lo que alguien describió como «un enorme fresco danzable»; un amplio y esencial resumen del espíritu del «laendler» austriaco, la danza campestre que se establece como el antecedente directo del vals. Toda la obra arranca de un detalle genial y visionario, repetido muchas veces por compositores posteriores: una célula temática presentada al inicio por los cornos, que Schubert repite modificada y desarrollada de incontables formas distintas.
A Robert Schumann debemos la presencia de esta fascinante creación. Descubrió el manuscrito en casa de Ferdinand, hermano de Franz, y la entregó a Félix Mendelssohn, quien hizo la primera audición se encargó con la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, el 21 de marzo de 1839.
Conviene tener en mente que el desarrollo de Schubert como sinfonista fue difícil, aunque la estructura de cada una de sus sinfonías sugiera lo contrario. Después de la Sexta (1817-1818) encontramos un Schubert insatisfecho e indeciso cuyo genio, de increíble espontaneidad en los lieder y la música de cámara, no surgía de la misma forma al abordar partituras orquestales. Pero aunque esta condición zozobrante fue prontamente resuelta, Schubert se vio permanentemente atenaceado por su afán de perfeccionismo y sabemos que, poco antes de morir, había decidido tomar clases de contrapunto con Simon Sechter.
«La Grande» no es hoy tan difundida como la «Inconclusa», pero su imponente carácter y majestuosa serenidad le convierten en una obra de trascendencia elemental en la historia del arte sonoro.

Jorge Vázquez Pacheco.